Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

11 may. 2014

La ciudad del amor




Ay,
París,
cuánto tienes que aprender de él.
El día que te ardan las calles
igual que calienta su mirada,
el día que des besos con lengua y corazón
me buscas y me lo cuentas,
que no me lo creeré.

Las cafeterías son muy bonitas,
con sus servilletas dándote las gracias
y esos libros desgastados en una estantería verde.
Pero el café sabe mejor cuando
apoyas la taza sobre sus piernas
en pantalón de pijama.

¿Qué me decís de la luz de las farolas?
A ver, no tengo nada en contra de ella;
queda preciosa en un paseo marítimo
o enfocando los pasos de cebra.
Pero para iluminarle a él no hay nada mejor que
la luz apagada de la habitación.

Mira que la humanidad se empeña
en ubicar las cenas románticas en restaurantes de lujo.
Os diré que con amor
en todos los sitios se come
y todos los sitios se comen.

Quedaos vosotros con las pizzas en forma de corazón,
los cojines con vuestra cara,
los candados con vuestras iniciales,
tragaros San Valentín
y las promesas de viajes franceses;
que yo me quedo con formas más corporales y cutáneas de romanticismo.

La ciudad del amor
no está hecha de tiendas de artesanía y adoquines antiguos.
La ciudad del amor
es él en cualquier casa vieja, bar o autopista
haciendo que le den por culo al entorno.

2 comentarios:

Patty dijo...

Debe ser lindo respirar junto a él el aire de París :D besos preciosa.

Norma dijo...

Me encantó tu generosa y emotiva descripción. A mí me gustaría caminar por las callecitas de París. Cariños.