Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

21 dic. 2014

Marejadas


Allí es donde podríamos ser felices
qué miedo
allí es donde nunca iremos.

Nos quedaremos
para siempre
en esta parte de la isla
acampados en la falda del volcán.

Yo callada
sentada en una silla de mimbre
contando las gotas de tu lava que llueven sobre mi espalda.

Con hipo y mucha sed.

Descalzos
pisando medusas y erizos de mar.

Con los ojos llenos de arena y rocas.

Tiritando
chasqueando los dientes con un ritmo extraño.

Contando libélulas.
Bostezando
permitiendo que las arañas nos entren por la boca
y amordacen con tela irrompible a todas nuestras mariposas.

Pintando en paredes escenas de baile
dibujándote a ti con pajarita
y a mí con zapatos blancos.

Temiendo al viento.

Hambrientos
decididos a seguir con el estómago vacío
antes que coser juntos una red de pescador.

Y cuando cada uno se vaya por su lado
intentando sobrevivir
nos arrepentiremos todas las noches
de no habernos dado cuenta antes
de que juntos ya estábamos a salvo.

30 nov. 2014

Volvamos a casa




Sé que no soy la única que piensa en una persona
en vez de en un edificio
cuando alguien dice "volvamos a casa".

El día que te conocí
tuve claro que ya nunca me faltaría refugio para la lluvia.
Adiós a las pulmonías
adiós a los abrigos mojados y a los dientes temblorosos en las esquinas.
Desde aquel día tengo claro que las chimeneas son mucho más que leña ardiendo.

El día que te conocí nació el mundo.
Desperté como si me hubiese clavado una aguja en el dedo
pero con el dolor placentero de quien está cosiendo la ropa de quien ama.

Aquel día noté al viento colándose en un portal y lo seguí.

Hay muchísimas goteras
pero juntos hemos aprendido a construir barcos.

Me dan igual las grietas.
No me importa que las puertas cierren fatal y se cuelen los gatos.

Qué más da si se nos cae el techo encima
o el grifo del agua caliente escupe lagos del norte.

Tampoco necesitamos que los espejos del baño estén intactos
mientras yo tenga tus ojos y tú tengas mis manos.

En esta casa ya no hay fantasmas.

He entrado derribando las rejas de la ventana
sin mirar el correo porque lo urgente es tocar,
no hay que dejar la caricia en el buzón
ni atar al beso en el pomo de la puerta de entrada con una correa.

Gastamos el dinero en libros y cuerdas de guitarra
anteponiendo el arte (que es alimento y luz) a la comida y a la electricidad
como auténticos bohemios
flacos y felices.

Bailo descalza en tu jardín
pisando todas las flores
llenándome de barro
asustando a las hormigas.

Me miras apoyado en la valla de madera
vienes corriendo
bailas conmigo
y me convierto
para siempre
en una yonqui de tus pisotones.

Tengo un refugio con nombre propio y tabaco de liar.

19 nov. 2014

Pez suicida




Me miras con las manos
me tocas con la mirada
me atrapas con una canción.

Como si tu melodía fuese una red
y yo un pez suicida
me acerco con los oídos hambrientos,
cierro la puerta del acuario en el que me metes
y me trago la llave.

Mi color favorito es el de mis pantalones oscurecidos
por las gotas del césped húmedo
donde me siento por las tardes contigo.

Subimos en aviones de papel hechos con la propaganda de la tienda de comida para llevar.
Llegamos a pueblos del sur, a tabernas baratas, a acogedoras pensiones con nombres de puta.
Ya no le tengo miedo a la falta de oxígeno
ni a las turbulencias.
Esta atracción de feria es mi hogar.

Hoy no tirito,
qué poco frío hace cuando el invierno es el amor de tu vida,
qué raro se me hace dormir con el corazón destapado
sin miedo a que estornude por la mañana y tenga que drogarse
para que nadie se dé cuenta de que ha dormido solo.
Qué raro es dejarme el alma abierta
y no tener que barrer al día siguiente las hojas secas del otoño.
Qué raro es compartir contigo el microclima de tu habitación.
Qué ganas tenía.

Ahora que tu colonia está en mi jersey de lana
ahora que llegamos a tiempo a los semáforos
ahora que en las películas siempre pone Continuará…
ahora ya no sé vivir sin ti.

Aprenderé a vivir sin ti 
cuando las chicas dejen de pintarse los labios de rojo.

3 nov. 2014

Billete de ida



No vas a provocarme más heridas
ni más Cantábricos en las mejillas.

Tu nombre me da asco
cuando alguien lo pronuncia es vómito en mis oídos
lo escucho y se me llena la sangre de pieles de plátano
el amor se resbala dentro de mí
y se abre la cabeza.

No eres el cementerio donde quiero descansar
no me gusta tu frío
tu roca
tu piel
ni tus flores,
regálaselas a otra.

Qué mal mientes
pero no tan mal como abandonas
ni tan mal como quieres.

Te has cansado
otra vez.
Ya vuelves a tener la lengua fuera, me dan ganas de cortártela.

Me voy
a cualquier lugar sin espejos
donde las persianas no puedan bajarse
donde nadie hable de ti.

Me estoy yendo
pero de verdad
caminando hacia delante y no hacia atrás como cuando aún te quería.

Me estoy yendo sin que nadie me empuje.

Hoy me baño desnuda
en el charco de lágrimas que derramé hace mucho tiempo por ti.
Hoy me he encontrado
como se encuentra un billete de veinte en unos vaqueros,
qué suerte he tenido.

No voy a volver a ti:
he quemado el mapa.

24 oct. 2014

Insomnio de un cadáver




Anoche volví a tomar pastillas para dormir.
Eres más fuerte que el sueño
sólo la droga y el alcohol te debilitan y apartan de mí
pero reapareces
como las flores del jardín que un muchacho roba creyendo que así conseguirá follar
como el dolor de garganta
como el hijo sin dinero.

Escribo ahora
por la mañana
a la luz de este octubre carcelero
porque la rabia
me tenía ocupada anoche rompiendo y quemando cosas.

Anoche volví a odiar los aviones
las motos
los contestadores
y las canciones que hablan de números de portal.

Volví a escupir por la ventana
a arañarme las piernas
a romper papeles importantes.

Volví a fumar
me tragué el humo igual que me tragaba tus mentiras.

Volví a dejarme caer
¿me lees?
me dejé caer
yo, que ya me había olvidado de tus infiernos
y vivía cómoda en el piso de arriba con los pies calientes.
Ahora mi cuerpo es un volcán
y mi sangre es magma
y si tuviera cerca un revólver provocaría un fenómeno natural
digno de portada de la National Geographic.

Anoche volví a quedarme sin reloj y sin hambre.

Anoche me pinté los ojos
lloré
y con el rimmel corrido me corté el pelo.

Se me quitaron las ganas de saltar.

Me quedé helada
pero no quise abrigarme.

No quiero más luz,
sé un sol con ella.

Anoche volví a desaprender a vivir sin ti.

Anoche volví a tener miedo
salí corriendo
y me perdí.

Pero vuelve a su ombligo
al mes de su calendario
que te domestique,
vete con ella
yo ya estoy muerta.

17 oct. 2014

Sin Alhambras



En la noche de sábado
de un miércoles
te pusiste a tocar
y yo me relamí mirando los dedos de tu mano izquierda.

Afuera Valencia era Lisboa
y un poco también pueblo de Alaska.
Una chica se masturbaba en un edificio de fachada verde.
Un vendedor ambulante con bufanda gritaba maravillas de una obra de Kafka.

Llegué hasta ti
como un carrito de la compra llega al pasillo de las cervezas.

Las luces de los portales son velas de cumpleaños.
Somos jóvenes.
Jóvenes como unos vaqueros en el escaparate
un libro en el camión de la imprenta
unas bragas en el primer curso de instituto.

Vivimos a tientas
en vuelos nocturnos con tormentas eléctricas y turbulencias.
Pero juntos.

Corremos por las carreteras secundarias
que son las arrugas de nuestras sábanas.
Nos atropellamos
perforamos el depósito
huele a gasolina
nos vamos a matar.

Escúchame:
me da igual colgar de un árbol
en el tramo más peligroso del Nilo
si estoy contigo.

Nuestra cartera está vacía
-el dinero me da ganas de jugar
con las vértebras de los banqueros
al tiro con arco-,
déjame que te enseñe a llenarte las manos de algo mejor.

Esto es tinta
pero huele a sangre.
Tú eres hombre
pero hueles a libro.
Contigo quiero perder todos los días el marcapáginas
releerte
pasar el dedo por tus líneas
no saber por qué capítulo voy y empezar desde lo que ya leí ayer.
Redescubrirte
subrayarte
pero jamás recomendarte: sólo yo puedo doblar tus esquinas.

Me crecen los brazos
cuando señalo con ellos
que te quiero desde aquí hasta aquí.

Te quiero
aunque desde el balcón no veamos la Alhambra.

Aunque me dé miedo
te quiero.
Te sigo queriendo
aun sabiendo que quererte
es meter los dedos en un enchufe.

8 oct. 2014

Confesión mecanografiada





Nuevo Documento de Word, nº87.
Octogésimo séptimo intento de fingir que me das igual,
que te he olvidado,
que me importa una mierda no ser la reina de tu baile.

No soy nada convincente.
Mi perro no me cree,
es que no me creo ni yo.

Te atropellaría
ahora mismo
con un vagón lleno de pasajeros
y les encendería el típico letrerito de aplausos
de los programas de humor malo
para que vitorearan tu pérdida.

Llevo los brazos en cruz
para no perder el equilibrio
pero siempre acabas apareciendo tú
cambiando el sol por un vinilo de mi cantante favorito,
entonces miro hacia arriba y me tropiezo.

No sé dónde caigo
pero estoy segura de que muy lejos de ti.
Lejos de los bares
lejos de las chaquetas vaqueras
lejos de los pañuelos que me protegen la garganta.
Demasiado cerca de las canciones de blues.

Soy carne de melodía triste de armónica
en la celda más oscura de la cárcel.

Escondo con vergüenza mi traje de abandonada
pero tengo que aprender a lucirlo.
Tengo que volver a caminar haciendo ruido,
ya sea por los tacones
o por los espejos rotos que llevo dentro.

Me he disparado en la lengua
y en vez de sangre han salido cartas.
Todo mi cuerpo está lleno de folios escritos que nunca te envié,
fechados y firmados
donde me confieso suicidamente tuya.

Ahora ya lo sabes.

5 oct. 2014

Mi dueña




En las páginas de contactos
del periódico
no hay ninguna musa que yo pueda pagar.
Así que he vuelto a recaer en la tuya.

La musa que me quita la alfombrilla antideslizante
de la bañera
y hace que me golpee la cabeza
contra el grifo de agua caliente.

La musa sin complejos corporales
madre de Caín,
que se pasea desnuda
únicamente cuando tiene claro que alguien puede verme llorar.

La musa que no te ha olvidado
a pesar de los arañazos
los corazones importados
las gotas de otros aspersores.
A pesar de eso
o por eso
no te ha olvidado.

La musa que me lee tu cuento
cada noche,
musa árbol que crea sombras terroríficas
en la pared de mi habitación
y no me deja dormir.

La musa cuervo
musa araña
musa serpiente sin cascabel
que se acerca despacito pero directa
como tú al culo de otra
a los dientes de otra
a los poemas de otra.

La musa virus
musa enfermedad sin tratamiento
musa inmune a cualquier vacuna.

La musa cielo
que me recuerda a diario
que preferiste las alas
de otro ángel caído.

La musa barata
gratuita
que sólo me cobra llevándose la piel de mi espalda.

La musa que no te guarda rencor
la musa imbécil.

28 sept. 2014

Vocación de atleta





No voy a dejar de acercarme
aunque vea la forma de pistola
que tienen tus besos.

Todos mis pasos van a ser hacia delante.
El saco de los pasos hacia atrás
se ha roto y vaciado
dejando un rastro incoloro
al lado de las vías del tren.

Estoy corriendo
como si el camión de los helados
no se hubiese dado cuenta
de que lo estaba esperando en la acera
apoyada en mi buzón con las manos levantadas.

Todo pasa de largo
todo,
eres tú quien tiene que ser capaz
de alcanzarlo.

La vida es una continua persecución.
Los policías almuerzan dentro del coche,
que no te asuste la sirena
cuando pases superando el límite de velocidad.
Corre
joder, corre.

Voy detrás de ti.
Bonito culo, por cierto,
y preciosas puñaladas en la espalda.

Es hora punta,
domingo de regreso de vacaciones
atascos en las carreteras y en las declaraciones de amor.
Salto de capó en capó
sin chaleco reflectante
-y mucho menos antibalas-,
ningún bache de alquitrán me hará caer.

No siento las piedras de esta playa
no miro fijamente a los soñadores cansados
que la marea ha arrastrado a la orilla
no me dejo morder
no seré uno de ellos.
Sigo.

Ojalá te gires para perseguirme
y choquemos.

¿Que si me duelen los pies?
Cómo van a dolerme los pies
si el corazón está en el pecho.

25 sept. 2014

Piel nueva de serpiente





Todas las estaciones me hablan de ti
algunas por signos
otras a gritos;
menos otoño
que no me habla: me escupe,
y yo corto
con las tijeras del pescado
todas las toallas con las que te secaste la cara después de afeitarte.

Descorcho una botella de champán
al momento de darme cuenta
de que me has dejado vacío el paragüero
y le has puesto mi chubasquero al espantapájaros
de nuestro jardín de flores muertas.

Lo miro desde el porche
tiritando –yo, no el espantapájaros-
con el rímel corrido
-no por llorar, sino por asomarme a la ventana para asegurarme de que no te girabas-
con el pelo mojado
y el jersey en el suelo.

Tirito y dentro de mí
ya no suena a reloj envuelto en un trapo después de un golpe de martillo.
Tirito,
ahora suena a caja con regalo en el interior.
No es para ti.

No pienso vestirme.
Estoy empapada, ¿y qué?
piel lubricada para que el sol acierte a la primera.

Quiero lucir mis heridas de liberada.
Me he pasado el rallador de queso
por la espalda
por las piernas
por los labios,
no quiero ni un milímetro de piel que haya sido tocado
por esos dedos que también le metías a ella en el coño.

Te he dejado un mensaje en el contestador:
tu albornoz es ahora la gabardina de un mendigo
tus calzoncillos son el mantel de las ratas del vertedero
tu almohada es la cama elástica de todas las pulgas que los perros destierran.

La tormenta ha limpiado la sangre seca,
me ha desatascado las venas.

Ahora llevo bragas nuevas
huelo a zumo de naranja natural
y tengo el pijama manchado de boli:
aléjate.

19 sept. 2014

Círculo cromático




Mis mejillas sonrojadas
porque las has pintado tú.

Mis ojos verdes
porque tu toalla de ducha es verde,
mis ojos amarillos
porque los azulejos de tu baño son amarillos,
mis ojos naranjas
porque las naranjas de tu zumo son naranjas,
mis ojos arcoíris
porque una vez miré
muy fijamente
uno de tus cuadros
y me llevé
para siempre
el color en la mirada.

Mi pelo negro
porque ordenas
al hueco del árbol, al tintero y a la noche
que se derramen en mi almohada.

Mis manos azules
después de tocar tu cielo.

Mi mente transparente
porque contigo no puedo ocultar pensamientos
y enseguida se me ven los te necesito
y los vete a la mierda pero vuelve.

No olvidaré
la primera vez que me dijiste te quiero.
Fue justo después de que descubrieras
que te había robado el lápiz
para dibujar a Adán sin hoja de parra.

Tus pestañas son los dedos de un niño
que pinta con las manos un mural de la primavera,
los profesores le pidieron flores
él prefirió una pareja metiéndose mano en un parque
-qué hay más primaveral que eso-.
Cada vez que pestañeas al mirarme
me siento obra de arte,
obra de arte sólo porque tú me miras
imagínate cuando me tocas.

Cuando me tocas
se vacían los museos,
los cuadros del mundo caminan
sobre sus auténticos o falsificados marcos
para preguntarte ¿y a nosotros cuándo?
para que respondas sólo a ella.

15 sept. 2014

Martes, miércoles y viernes





Te echo de menos en los días con erre.

No encuentro mi bufanda
tampoco mis guantes
ni mi sombrero marrón
que es un muro entre mis ojos de viuda y el mundo.

Hace frío
en la bañera
y en la recámara de mi pistola.

El envoltorio del chocolate con leche
cubre tus fotografías en el cubo de basura.

Hace setenta días que no cocino
setenta días que atraqué el estanco con cara de chica abandonada
setenta días que la cerveza me hizo la extremaunción
setenta días que me aboné al canal porno.
Los muertos no comen
pero fuman, beben y se masturban.

No me lavo la cara,
es una falta de respeto a las lágrimas saladas
y yo jamás ofendería al mar.

No me caliento los pies,
voy dejando pequeñas y resbaladizas Antártidas cuando camino,
pobre del que quiera seguir mis pasos.
Hago patinaje sobre hielo en el pasillo de casa,
nunca me acuerdo de frenar
me estampo contra la pared
sin ser yo meteorito ni ella tu mundo,
y pierdo el conocimiento
-ahora sí que ya no me queda nada-.

Te has ido pero las sábanas de tus fantasmas
se han quedado pilladas bajo las patas de mi cama.

Te has ido pero me has dejado aquí
con vida.
Me recuerdo a ti,
mi cuerpo es tu mayor escondite
más que los discos
más que tu silla de la cocina
más que la plaza de garaje donde aparcabas.

Me miro al espejo
te veo,
voy a arrancarme los ojos.

Me toco el culo
noto tus manos,
voy a sentarme sobre una hoguera de campamento.

Respiro
noto tu aliento,
voy a ahorcarme con la cadena que nos unía.

5 sept. 2014

Se avecina tristeza





Esta mañana me he lavado la cara
con agua helada
agua que parecía emanar del corazón de una viuda.

Con las manos mojadas he extendido el brazo
para coger la toalla
pero no estabas acercándomela.

Joder, ¿dónde estás?
¿Quién va a pasarme ahora la toalla?
Estoy condenada a gotear por casa:
principalmente lágrimas
principalmente de pena
desintegrándome por ti.

Qué tortura este ruido
de grifo incompleto
de cañería agujereada
de puta satisfecha.

Sin ti está tan vacía esta casa
que el sonido de mi mandíbula
masticando los escasos cereales que me llevo a la boca
hacen eco por todo el pasillo.

He vuelto a asomarme por la mirilla
(sí, poniéndome de puntillas,
como te gustaba que caminara desde mi habitación a la tuya
por la noche
los fines de semana en casa de tus padres).
La puerta del ascensor sigue cerrada
la luz de emergencia está encendida,
¿sabrán mis vecinos que me has dejado colgando del precipicio
y que te has llevado el helicóptero de salvamento?
Qué van a saber,
ellos que ni siquiera saben cómo se recogen las mierdas de perro
en el portal.

Sigo goteando,
a este paso erosionaré el suelo
y caeré al piso de abajo
matando a la señora Rebeca y a sus dos nietos
cuyos llantos a la hora de la siesta no superan a los míos.

La tristeza es un arma
con buenísima puntería
que se dispara por los ojos;
acabo de mirarme en el espejo:
menudo tiroteo.

Ven a secarme la cara, aunque sea con un delantal.
Ven a pintarme los ojos.
Ven a vaciarme la sal del corazón.

Si fueras tú el que gotea
si fueras tú el de las cascadas en las mejillas
si fueras tú el que llora
pondría mi boca debajo de tu barbilla
como una niña con un tarro de mermelada vacío
en un día de lluvia.

1 sept. 2014

Todos mis sentidos





Perdí en una partida de cartas
la capacidad de besar.

Vendí mis labios a una dependienta de supermercado
y mi lengua a una trabajadora de Correos.

Regalé mi saliva a las plantas
del balcón de Azucena.

Vacié el verde de mis ojos
en los porros de marihuana
de los menores de edad que se escapan de casa.

Me arranqué las uñas pintadas de mis pies
para completar los pétalos
del jardín de rosas de Duncan Dhu.

Esnifé incontables gramos
de indiferencia y desinterés
para que dejaran de importarme los olores de las terrazas de los bares
a los que íbamos juntos
antes
-durante-
y después de follar contigo.

Clavé en mis oídos arpones para capturar ballenas
y ahora ninguna canción suena a recuerdo,
ahora no hay campanas repicando a la hora exacta en la que te fuiste
ahora no hay teléfonos
ni timbres
ni alarmas de incendio.
Ni siquiera hay silencios.

Le di mis pasos a un beduino
a cambio de un pañuelo para hacerme un torniquete en el pecho;
mis pisadas se pierden por el desierto
mientras mi sangre vuelve al sitio de donde te la llevaste chupando con pajita.

Me quemé las yemas de los dedos
borré mis huellas dactilares
después de tocarte la piel,
abandoné mi tacto en tu cuerpo
para siempre.

25 ago. 2014

A estas horas




A estas horas en las que sólo se escucha
el ruido de la nevera.

A estas horas en las que las oportunidades perdidas
martillean en la nuca
y bailan bachata apretándonos el cuello.

A estas horas en las que todo está tan roto
que incluso con zapatillas
nos clavamos restos de jarrones que se rompieron vacíos.

A estas horas en las que sólo hay luz
en el baño del poeta
en las gasolineras
y en las farmacias de guardia.

A estas horas en las que no hay música que amanse a la soledad.

A estas horas en las que vomitan los adolescentes.

A estas horas en las que las putas
escriben en verso.

A estas horas en las que malinterpretamos las miradas.

A estas horas en las que el verano se acobarda
y da media vuelta
como cuando Víctor llevaba a clase
todos los días
una carta
y terminó primaria sin dejarla en el pupitre de Julia.

A estas horas en las que se fingen los orgasmos.

A estas horas en las que los microondas
besan en la frente a las pizzas.

A estas horas en las que los niños
ensayan besos con lengua
en el espejo del baño.

A estas horas en las que el último culo
se levanta de la butaca del cine X.

A estas horas en las que se vacía la bombona de butano.

A estas horas en las que
“-quédate a dormir.
-mejor otro día, adiós”.

A estas horas en las que no pasan las horas.

A estas horas en las que las zorras se creen gatas pardas
y ni siquiera llegan a mosquitas muertas.

A estas horas animales.

A estas horas en las que todos los sombreros
cuelgan del pomo de las puertas.

A estas horas en las que
rodeado de colillas de porros mal liados
te destroza la certeza de que jamás volveré a ser tuya.

19 ago. 2014

Sus ojos





Sus ojos son un pozo sin fondo
una cloaca hasta arriba de residuos con buen olor.

Al asomarte te relames,
al tirarte de cabeza te salen branquias
respiras en el Pacífico
junto a peces de colores que hacen autoestop.

Alicia se pondría las botas cayendo por sus ojos;
el conejo olvidaría el reloj
y se detendría a leer los poemas que hay escritos en la pared azul.

Ves animales salvajes
esquimales
palacios árabes
tribus africanas cocinando.

Ves todos los continentes
Pangea de iris y pestañas.
Rotación y translación cuando me busca con la mirada en la plaza.

Hay puertas sin letrero
que llevan a islas habitadas por especies desconocidas
que brillan en la oscuridad.

Se balancea una mecedora de madera
suena una canción de Bruce Springsteen,
nieva pero hace calor
hay tartas humeando en las ventanas.

Huele a café
a incienso
al perfume de jazmín que deja una chica al pasar.
Huele a bragas y a sexo
a movimiento de caderas
a ganas.

Sus ojos son tienda de campaña
casa rural
hotel cercano a una pista de esquí.

Hay un campanario
un cementerio
un camino de piedras que beben para olvidar que nadie tropieza con ellas.

Hay máquinas de coser
dedales
paños de cocina
tijeras para cortar el flequillo.

Hay hielos
refrescos
zumos de melocotón
y un baúl sin recuerdos lleno de botellas de vodka.

Si dejas tu corazón en sus ojos
a remojo
una noche entera
se regenera,
se le cierran los picotazos
y le crecen zapatos nuevos.

Sus ojos son hospital
primeros y únicos auxilios
puntos de sutura
beso sanador de abuela.

Sus ojos,
yo qué sé,
son el coño por el que sale Cupido.

Son mi ventana de madera
mi portal al mundo
el cristal donde quiero apoyar mi nariz
el blanco de mi aliento.