Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

19 may. 2015

Zorro desentrenado




De los errores se aprende.
De los errores aprenden los listos,
pero tú...
Tú piensas que hay errores que no son errores
y de los que crees que nadie se da cuenta.
Y recaes.
Una y otra vez,
como un cerdo revolcándose en su propia metedura de pata que jamás admitirá.
Recaes hasta la estupidez y la soledad.
Y sigues intentando agrandar una bola de nieve en pleno agosto,
ridículo como alguien que corre detrás de un autobús y lo pierde.

Talas el árbol donde estoy subida
-porque hasta hace poco todavía confiaba en poder alcanzar las estrellas-
me haces caer en un pozo de realidad que me negaba a creer,
con los pantalones rotos y no por moda,
con las gafas más limpias que nunca
para verte mejor.
Para veros mejor.
Para ver,
después de tanto tiempo mirando hacia otro lado.

Vuelve el frío cada vez que te abres la camisa,
en tus ojos existe Laponia,
tu corazón es una tarrina de helado caducado mordisqueado por todas las butacas de la última sesión del cine.
Pero hay un calor nuevo,
transparente y rocoso que me cuida la garganta.
Y ahora tu astucia fracasada es el motivo de mi risa.

Te miras en el espejo con la poca vergüenza
y el escaso respeto
de quien sólo se quiere a sí mismo,
pero no te has dado cuenta de que ya te has perdido.

27 feb. 2015

Gulliver



No has querido estar a la altura;
yo vivía en la zona de los aviones
y tú a ras de suelo con ella
en su coche
escuchando sus canciones de festival.

Cada vez que me abrazabas
me llenabas del barro maloliente que compone su pelo.

Has preferido llegarme por las rodillas
a levantar un poco más la cabeza
y explorarme el corazón.
Pero quién va a querer elevarse hasta el corazón,
escalar todas estas costillas eternas y puntiagudas,
¿quién se la jugaría?
tú no.
Quién va a querer pasar del ombligo
si tiene todo lo que necesita debajo de una falda ajustada sin compromiso.

Asesino.
Borracho sin excusas.
Francotirador sin remordimientos.

Tenían razón los que me aconsejaron que me alejara,
ahora ya no hay vuelta atrás:
me he quedado atrapada en tu falsedad,
atada de pies y manos con las cuerdas de tu sonrisa hipócrita,
amordazada
con la boca llena de la saliva de ella.
Vomito.

Voy a caer desde aquí arriba
como un Gulliver capturado.
Ojalá alguien llegue a tiempo para enseñarme a volar.

2 feb. 2015

Mi propia sangre




Ahora sé que no eres el hombre de mi vida
ni el hombre de mi muerte.
Ahora sé que el vestido que me regalaste
estaba hecho de flores muertas.
Ahora ha llegado el momento de cargar el rifle
incendiar tu cabaña de madera
y derretir la nieve del camino que nos une para que te ahogues.
He encontrado oxígeno fuera de tu burbuja
el color ha vuelto a mis mejillas
y se ha borrado mi nombre de la esquela del periódico.
He conseguido respirar lejos de tu dióxido de carbono
lejos de tu saliva contaminada
lejos de tus manos manchadas de otro pelo negro.
He tardado pero por fin mi barca está preparada
para cruzar el río desbordado
y llegar a la orilla donde las palmeras son altas
pero no tanto como para no ver lo que esconden
-mentiroso-
a la orilla donde yo no pasaré hambre
y me dará igual que te llenes la boca en el primer bar de carretera que te deslumbre 
con luces de neón y un vestido blanco asquerosamente ceñido.
Desconocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Hoy por fin he vaciado mis venas de tu contaminación.
Hoy he vuelto a sentir mi propia sangre.

25 ene. 2015

Reencuentro



Me esperarás en la puerta del restaurante
tomando el sol y un vaso de vino
vistiendo camisa blanca y quizá un sombrero
de pie junto a una silla de mimbre
sujetando un cigarrillo que mancharé de pintalabios después de saludarte.

Giraré la esquina del taller de guitarras
en dirección contraria al viento.
Me verás aparecer
ya sin bufanda
sin abrigo
sin bloques de hormigón bajo los zapatos
caminando por la superficie de este mar de callejones antiguos
con el flequillo alborotado
y una mochila llena de poemas colgada del hombro derecho.

Te miraré como quien mira su libro favorito de la infancia
recién sacado de una caja de cartón
recuperada del fondo del desván
junto a viejos cuadernos de notas y recetas de cocina.

Me rodearás con tu brazo
y me sentiré inmortal
sabiendo que ése será mi mejor cinturón de seguridad.

No tengo un bólido de color rosa
ni aviones con los que recogerte a la salida del trabajo
ni siquiera tengo bicicleta
pero creo que podemos llevarnos bien con el "paso a paso".

Volveremos a encontrarnos
justo a tiempo
mortales y decididos
con las manos preparadas para cualquier fuego.

18 ene. 2015

Cambio climático




Ahora que en los días de lluvia hay dos huellas distintas de barro sobre el felpudo
ahora que he hecho las paces con el invierno
puedo salir en manga corta a la calle
saludar a los tenderos que cogen las nueces con guantes de lana
y volver a casa sin tos.

Puedo sentarme sobre las parabólicas de las azoteas
en pantalón corto
con las piernas colgando
y retransmitir a toda la ciudad que el cambio climático existe.
Que existe y que hoy me ha invitado a desayunar.

Puedo hacer flores con el vaho de los niños que juegan en el parque
y repoblar los balcones de la avenida que todavía creen que el invierno no tiene color.

Puedo negarle al estanquero el mechero que quiere regalarme:
el fuego duerme de 2 de la madrugada a 9:30 de la mañana
en mi cama
con las mantas en el suelo y la almohada doblada
con una camiseta de un grupo de rock’n roll del que no queda ningún componente vivo.

Puedo subir la cuesta guardándome el soplido del viento en la funda de mi cámara,
puedo liberarlo
para que despeine mi flequillo
y haga tambalear en el salón los altavoces donde suena Keith Richards:
nada se destruye cuando tú eres el terremoto.

Si llevo botas es porque todavía quedan cristales en los pasos de cebra
del accidente que hubo anoche
cuando llegaste a casa con las luces de los semáforos en una caja de cartón.
Viniste a iluminar las paredes llenas de fotografías
y acabaste nombrándome amante eterna del sol.

Ahora que bailo alrededor de una hoguera de bufandas y abrigos
no dejes que pare la música
no dejes que vuelva el frío.

1 ene. 2015

A prueba de distancias



Nos hemos terminado esta botella de champán
como si fuéramos un barco y nos acabaran de inaugurar.

Quiero que el viaje sea largo
aunque las olas nos mojen la cara y los pies.
Aunque las gotas saladas se nos metan en los ojos y nos den sed.
Aunque tengamos que drogarnos contra el mareo
y los vientos hagan tambalear nuestras rodillas.

Seremos fuertes.
Seremos un mástil de madera
alto
pesado
e irrompible.

Llevaremos una fotografía por bandera
siempre refugiada en el bolsillo interno de nuestro abrigo.
A prueba de cañones
a prueba de arpones
a prueba de piratas y sicarios.
Pero sobre todo
a prueba de distancias.
Una fotografía que ondeará en cada puerto
que nos recordará que estamos en casa
que nos hará sentir el calor aunque no veamos la chimenea.

Sujetaremos el timón con fuerza
y no dejaremos que ninguna pared rocosa nos convierta en astillas.

Contaremos estrellas de mar fugaces
a las que pediremos deseos intangibles que se harán realidad.

Escribiremos canciones dentro de botellas de ron
para que las sirenas de los siete mares las canten
mientras nosotros bailamos en la proa.

Serás mi vela encendida cuando se apague el mundo
y ni la luna se atreva a salir en alta mar.

Serás mi brújula.

Serás la X de todos mis mapas.

Y ten por seguro
que mi ancla 
sólo se sujetará en ti.