Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

27 de feb. de 2015

Gulliver



No has querido estar a la altura;
yo vivía en la zona de los aviones
y tú a ras de suelo con ella
en su coche
escuchando sus canciones de festival.

Cada vez que me abrazabas
me llenabas del barro maloliente que compone su pelo.

Has preferido llegarme por las rodillas
a levantar un poco más la cabeza
y explorarme el corazón.
Pero quién va a querer elevarse hasta el corazón,
escalar todas estas costillas eternas y puntiagudas,
¿quién se la jugaría?
tú no.
Quién va a querer pasar del ombligo
si tiene todo lo que necesita debajo de una falda ajustada sin compromiso.

Asesino.
Borracho sin excusas.
Francotirador sin remordimientos.

Tenían razón los que me aconsejaron que me alejara,
ahora ya no hay vuelta atrás:
me he quedado atrapada en tu falsedad,
atada de pies y manos con las cuerdas de tu sonrisa hipócrita,
amordazada
con la boca llena de la saliva de ella.
Vomito.

Voy a caer desde aquí arriba
como un Gulliver capturado.
Ojalá alguien llegue a tiempo para enseñarme a volar.

2 de feb. de 2015

Mi propia sangre




Ahora sé que no eres el hombre de mi vida
ni el hombre de mi muerte.
Ahora sé que el vestido que me regalaste
estaba hecho de flores muertas.
Ahora ha llegado el momento de cargar el rifle
incendiar tu cabaña de madera
y derretir la nieve del camino que nos une para que te ahogues.
He encontrado oxígeno fuera de tu burbuja
el color ha vuelto a mis mejillas
y se ha borrado mi nombre de la esquela del periódico.
He conseguido respirar lejos de tu dióxido de carbono
lejos de tu saliva contaminada
lejos de tus manos manchadas de otro pelo negro.
He tardado pero por fin mi barca está preparada
para cruzar el río desbordado
y llegar a la orilla donde las palmeras son altas
pero no tanto como para no ver lo que esconden
-mentiroso-
a la orilla donde yo no pasaré hambre
y me dará igual que te llenes la boca en el primer bar de carretera que te deslumbre 
con luces de neón y un vestido blanco asquerosamente ceñido.
Desconocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Hoy por fin he vaciado mis venas de tu contaminación.
Hoy he vuelto a sentir mi propia sangre.