Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

28/9/2014

Vocación de atleta





No voy a dejar de acercarme
aunque vea la forma de pistola
que tienen tus besos.

Todos mis pasos van a ser hacia delante.
El saco de los pasos hacia atrás
se ha roto y vaciado
dejando un rastro incoloro
al lado de las vías del tren.

Estoy corriendo
como si el camión de los helados
no se hubiese dado cuenta
de que lo estaba esperando en la acera
apoyada en mi buzón con las manos levantadas.

Todo pasa de largo
todo,
eres tú quien tiene que ser capaz
de alcanzarlo.

La vida es una continua persecución.
Los policías almuerzan dentro del coche,
que no te asuste la sirena
cuando pases superando el límite de velocidad.
Corre
joder, corre.

Voy detrás de ti.
Bonito culo, por cierto,
y preciosas puñaladas en la espalda.

Es hora punta,
domingo de regreso de vacaciones
atascos en las carreteras y en las declaraciones de amor.
Salto de capó en capó
sin chaleco reflectante
-y mucho menos antibalas-,
ningún bache de alquitrán me hará caer.

No siento las piedras de esta playa
no miro fijamente a los soñadores cansados
que la marea ha arrastrado a la orilla
no me dejo morder
no seré uno de ellos.
Sigo.

Ojalá te gires para perseguirme
y choquemos.

¿Que si me duelen los pies?
Cómo van a dolerme los pies
si el corazón está en el pecho.

25/9/2014

Piel nueva de serpiente





Todas las estaciones me hablan de ti
algunas por signos
otras a gritos;
menos otoño
que no me habla: me escupe,
y yo corto
con las tijeras del pescado
todas las toallas con las que te secaste la cara después de afeitarte.

Descorcho una botella de champán
al momento de darme cuenta
de que me has dejado vacío el paragüero
y le has puesto mi chubasquero al espantapájaros
de nuestro jardín de flores muertas.

Lo miro desde el porche
tiritando –yo, no el espantapájaros-
con el rímel corrido
-no por llorar, sino por asomarme a la ventana para asegurarme de que no te girabas-
con el pelo mojado
y el jersey en el suelo.

Tirito y dentro de mí
ya no suena a reloj envuelto en un trapo después de un golpe de martillo.
Tirito,
ahora suena a caja con regalo en el interior.
No es para ti.

No pienso vestirme.
Estoy empapada, ¿y qué?
piel lubricada para que el sol acierte a la primera.

Quiero lucir mis heridas de liberada.
Me he pasado el rallador de queso
por la espalda
por las piernas
por los labios,
no quiero ni un milímetro de piel que haya sido tocado
por esos dedos que también le metías a ella en el coño.

Te he dejado un mensaje en el contestador:
tu albornoz es ahora la gabardina de un mendigo
tus calzoncillos son el mantel de las ratas del vertedero
tu almohada es la cama elástica de todas las pulgas que los perros destierran.

La tormenta ha limpiado la sangre seca,
me ha desatascado las venas.

Ahora llevo bragas nuevas
huelo a zumo de naranja natural
y tengo el pijama manchado de boli:
aléjate.