Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

15/9/2014

Martes, miércoles y viernes





Te echo de menos en los días con erre.

No encuentro mi bufanda
tampoco mis guantes
ni mi sombrero marrón
que es un muro entre mis ojos de viuda y el mundo.

Hace frío
en la bañera
y en la recámara de mi pistola.

El envoltorio del chocolate con leche
cubre tus fotografías en el cubo de basura.

Hace setenta días que no cocino
setenta días que atraqué el estanco con cara de chica abandonada
setenta días que la cerveza me hizo la extremaunción
setenta días que me aboné al canal porno.
Los muertos no comen
pero fuman, beben y se masturban.

No me lavo la cara,
es una falta de respeto a las lágrimas saladas
y yo jamás ofendería al mar.

No me caliento los pies,
voy dejando pequeñas y resbaladizas Antártidas cuando camino,
pobre del que quiera seguir mis pasos.
Hago patinaje sobre hielo en el pasillo de casa,
nunca me acuerdo de frenar
me estampo contra la pared
sin ser yo meteorito ni ella tu mundo,
y pierdo el conocimiento
-ahora sí que ya no me queda nada-.

Te has ido pero las sábanas de tus fantasmas
se han quedado pilladas bajo las patas de mi cama.

Te has ido pero me has dejado aquí
con vida.
Me recuerdo a ti,
mi cuerpo es tu mayor escondite
más que los discos
más que tu silla de la cocina
más que la plaza de garaje donde aparcabas.

Me miro al espejo
te veo,
voy a arrancarme los ojos.

Me toco el culo
noto tus manos,
voy a sentarme sobre una hoguera de campamento.

Respiro
noto tu aliento,
voy a ahorcarme con la cadena que nos unía.

5/9/2014

Se avecina tristeza





Esta mañana me he lavado la cara
con agua helada
agua que parecía emanar del corazón de una viuda.

Con las manos mojadas he extendido el brazo
para coger la toalla
pero no estabas acercándomela.

Joder, ¿dónde estás?
¿Quién va a pasarme ahora la toalla?
Estoy condenada a gotear por casa:
principalmente lágrimas
principalmente de pena
desintegrándome por ti.

Qué tortura este ruido
de grifo incompleto
de cañería agujereada
de puta satisfecha.

Sin ti está tan vacía esta casa
que el sonido de mi mandíbula
masticando los escasos cereales que me llevo a la boca
hacen eco por todo el pasillo.

He vuelto a asomarme por la mirilla
(sí, poniéndome de puntillas,
como te gustaba que caminara desde mi habitación a la tuya
por la noche
los fines de semana en casa de tus padres).
La puerta del ascensor sigue cerrada
la luz de emergencia está encendida,
¿sabrán mis vecinos que me has dejado colgando del precipicio
y que te has llevado el helicóptero de salvamento?
Qué van a saber,
ellos que ni siquiera saben cómo se recogen las mierdas de perro
en el portal.

Sigo goteando,
a este paso erosionaré el suelo
y caeré al piso de abajo
matando a la señora Rebeca y a sus dos nietos
cuyos llantos a la hora de la siesta no superan a los míos.

La tristeza es un arma
con buenísima puntería
que se dispara por los ojos;
acabo de mirarme en el espejo:
menudo tiroteo.

Ven a secarme la cara, aunque sea con un delantal.
Ven a pintarme los ojos.
Ven a vaciarme la sal del corazón.

Si fueras tú el que gotea
si fueras tú el de las cascadas en las mejillas
si fueras tú el que llora
pondría mi boca debajo de tu barbilla
como una niña con un tarro de mermelada vacío
en un día de lluvia.