Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

30 de nov. de 2014

Volvamos a casa




Sé que no soy la única que piensa en una persona
en vez de en un edificio
cuando alguien dice "volvamos a casa".

El día que te conocí
tuve claro que ya nunca me faltaría refugio para la lluvia.
Adiós a las pulmonías
adiós a los abrigos mojados y a los dientes temblorosos en las esquinas.
Desde aquel día tengo claro que las chimeneas son mucho más que leña ardiendo.

El día que te conocí nació el mundo.
Desperté como si me hubiese clavado una aguja en el dedo
pero con el dolor placentero de quien está cosiendo la ropa de quien ama.

Aquel día noté al viento colándose en un portal y lo seguí.

Hay muchísimas goteras
pero juntos hemos aprendido a construir barcos.

Me dan igual las grietas.
No me importa que las puertas cierren fatal y se cuelen los gatos.

Qué más da si se nos cae el techo encima
o el grifo del agua caliente escupe lagos del norte.

Tampoco necesitamos que los espejos del baño estén intactos
mientras yo tenga tus ojos y tú tengas mis manos.

En esta casa ya no hay fantasmas.

He entrado derribando las rejas de la ventana
sin mirar el correo porque lo urgente es tocar,
no hay que dejar la caricia en el buzón
ni atar al beso en el pomo de la puerta de entrada con una correa.

Gastamos el dinero en libros y cuerdas de guitarra
anteponiendo el arte (que es alimento y luz) a la comida y a la electricidad
como auténticos bohemios
flacos y felices.

Bailo descalza en tu jardín
pisando todas las flores
llenándome de barro
asustando a las hormigas.

Me miras apoyado en la valla de madera
vienes corriendo
bailas conmigo
y me convierto
para siempre
en una yonqui de tus pisotones.

Tengo un refugio con nombre propio y tabaco de liar.

19 de nov. de 2014

Pez suicida




Me miras con las manos
me tocas con la mirada
me atrapas con una canción.

Como si tu melodía fuese una red
y yo un pez suicida
me acerco con los oídos hambrientos,
cierro la puerta del acuario en el que me metes
y me trago la llave.

Mi color favorito es el de mis pantalones oscurecidos
por las gotas del césped húmedo
donde me siento por las tardes contigo.

Subimos en aviones de papel hechos con la propaganda de la tienda de comida para llevar.
Llegamos a pueblos del sur, a tabernas baratas, a acogedoras pensiones con nombres de puta.
Ya no le tengo miedo a la falta de oxígeno
ni a las turbulencias.
Esta atracción de feria es mi hogar.

Hoy no tirito,
qué poco frío hace cuando el invierno es el amor de tu vida,
qué raro se me hace dormir con el corazón destapado
sin miedo a que estornude por la mañana y tenga que drogarse
para que nadie se dé cuenta de que ha dormido solo.
Qué raro es dejarme el alma abierta
y no tener que barrer al día siguiente las hojas secas del otoño.
Qué raro es compartir contigo el microclima de tu habitación.
Qué ganas tenía.

Ahora que tu colonia está en mi jersey de lana
ahora que llegamos a tiempo a los semáforos
ahora que en las películas siempre pone Continuará…
ahora ya no sé vivir sin ti.

Aprenderé a vivir sin ti 
cuando las chicas dejen de pintarse los labios de rojo.