Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

1/9/2014

Todos mis sentidos





Perdí en una partida de cartas
la capacidad de besar.

Vendí mis labios a una dependienta de supermercado
y mi lengua a una trabajadora de Correos.

Regalé mi saliva a las plantas
del balcón de Azucena.

Vacié el verde de mis ojos
en los porros de marihuana
de los menores de edad que se escapan de casa.

Me arranqué las uñas pintadas de mis pies
para completar los pétalos
del jardín de rosas de Duncan Dhu.

Esnifé incontables gramos
de indiferencia y desinterés
para que dejaran de importarme los olores de las terrazas de los bares
a los que íbamos juntos
antes
-durante-
y después de follar contigo.

Clavé en mis oídos arpones para capturar ballenas
y ahora ninguna canción suena a recuerdo,
ahora no hay campanas repicando a la hora exacta en la que te fuiste
ahora no hay teléfonos
ni timbres
ni alarmas de incendio.
Ni siquiera hay silencios.

Le di mis pasos a un beduino
a cambio de un pañuelo para hacerme un torniquete en el pecho;
mis pisadas se pierden por el desierto
mientras mi sangre vuelve al sitio de donde te la llevaste chupando con pajita.

Me quemé las yemas de los dedos
borré mis huellas dactilares
después de tocarte la piel,
abandoné mi tacto en tu cuerpo
para siempre.

25/8/2014

A estas horas




A estas horas en las que sólo se escucha
el ruido de la nevera.

A estas horas en las que las oportunidades perdidas
martillean en la nuca
y bailan bachata apretándonos el cuello.

A estas horas en las que todo está tan roto
que incluso con zapatillas
nos clavamos restos de jarrones que se rompieron vacíos.

A estas horas en las que sólo hay luz
en el baño del poeta
en las gasolineras
y en las farmacias de guardia.

A estas horas en las que no hay música que amanse a la soledad.

A estas horas en las que vomitan los adolescentes.

A estas horas en las que las putas
escriben en verso.

A estas horas en las que malinterpretamos las miradas.

A estas horas en las que el verano se acobarda
y da media vuelta
como cuando Víctor llevaba a clase
todos los días
una carta
y terminó primaria sin dejarla en el pupitre de Julia.

A estas horas en las que se fingen los orgasmos.

A estas horas en las que los microondas
besan en la frente a las pizzas.

A estas horas en las que los niños
ensayan besos con lengua
en el espejo del baño.

A estas horas en las que el último culo
se levanta de la butaca del cine X.

A estas horas en las que se vacía la bombona de butano.

A estas horas en las que
“-quédate a dormir.
-mejor otro día, adiós”.

A estas horas en las que no pasan las horas.

A estas horas en las que las zorras se creen gatas pardas
y ni siquiera llegan a mosquitas muertas.

A estas horas animales.

A estas horas en las que todos los sombreros
cuelgan del pomo de las puertas.

A estas horas en las que
rodeado de colillas de porros mal liados
te destroza la certeza de que jamás volveré a ser tuya.