Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

30 ago. 2013

Sudados con el labio partido

Yo mataba arañas
y tú preparabas la cena.

Teníamos goteras,
pero las venas intactas
y la sangre en su sitio
-entrepierna y corazón-.

El colchón era viejo.
Por eso nos tumbábamos
uno encima del otro:
para turnarnos la comodidad.

Había que pintar las ventanas,
pero como todavía no sabíamos
cuál era nuestro color favorito
nos íbamos a pasear
y a besarnos en las sombras de los caminos.

Comíamos bocadillos de jamón,
bebíamos zumos de piña,
besábamos antes de que se hiciera de noche.
En la madrugada más.

Rompíamos tejas.
Nos peinábamos con los primeros
rayos de sol
reflejándonos en el cristal
de la puerta del balcón.

Los perros paraban de ladrar
después de las comidas.
Nos dejaban echar la siesta
y algún que otro polvo.

Nos perdíamos hasta llegar a una ermita
en la que nos gustaba gritar
estrofas de nuestras canciones favoritas
con Jesucristo casi desnudo mirándonos.
Resonaba por todo el edificio,
encendíamos velas,
tocábamos el órgano
y salíamos corriendo
con las zapatillas mal puestas.

Improvisábamos conciertos
encima de un sofá
con una funda de flores horribles.
Saltábamos cogidos de la ropa interior,
caíamos sudados con el labio partido.

6 comentarios:

Cé. dijo...

Y qué bien suena partirse los labios de ese modo :)

Rafael dijo...

Versos siempre vivos los que nos dejas.
Un abrazo.

Emilly Brasy Temple dijo...

Lindo

Duli Martínez dijo...

Me gusto (:

Patty dijo...

Y aún así sonreías de felicidad Nerea ....lindo, lindo :*

M. dijo...

La vida transformada en poesía es mucho menos amarga, por eso te doy las gracias.
Nostalgia entre las nubes del cielo de http://hazbrillaratusonrisa.blogspot.com.es/
M.