Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

5 dic. 2013

¿Por qué?

El invierno
la acaba de encontrar en el baño.

Tiene la música
puesta a todo volumen.
Se depila con cera caliente
mientras se pregunta
por qué nadie duerme con ella;
por qué ningún hombre
la llama de madrugada
para decirle que sin ella
la noche no vale la pena.

Por qué no le dedican canciones.
Por qué no le escriben
frases cursis
en el dorso de un ticket de compra.

Lleva los labios rojos.
Hay heridas
que sangran carmín.
Y ella sabe lucirlas.

Se recoge un mechón de pelo
detrás de la oreja.
También se pregunta
por qué nadie lo hace por ella.
En un banco o en una cafetería.
¿Por qué nadie le recoge
un mechón de pelo
detrás de la oreja en una cafetería?

Sale del baño
con las piernas desnudas y suaves.
No lleva ropa.
Qué guapa y sola está.

Tiene frío,
pero la culpa no es de diciembre.
Las estufas son de hielo
cuando al corazón le faltan
borracheras de besos en el sofá.
Y barbas a la piel.
Y clavículas a la barbilla,
para apoyarse cuando hay abrazo
en mitad de la calle.

Necesita besos
con furia de amor.
Necesita arder con la falda levantada
en algún baño de centro comercial.
Buscar ropa interior
debajo de la cama
de alguien que la invite a cervezas
y al cine.

Necesita que alguien le lea
en braille
las vértebras de su espalda recta.
Y se relama.
Y se chupe los dedos.
Y sonría porque sabe
que tiene a la primavera en el tacto
cuando la recorre.

4 comentarios:

Jack Red dijo...

A veces la vida es de todo menos poética.

Rafael dijo...

Todo es poesía en tus letras...
Un abrazo.

Maria Valles dijo...

Yo también me pregunto por qué.
Y suena injusto.

(Precioso)

Hiponoe dijo...

A veces sí hay que echarle las culpas a Diciembre.