Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

25 jul. 2014

Me concedo esta fuga





La alambrada que hay sobre tu muro
ya no me pincha,
he conseguido trepar y huir de tus malditas canciones.

Todas las puertas cerradas
que tu corazón de circo me ha puesto delante
las he abierto a cabezazos;
si ahora sangro es porque soy libre.

Si ahora escribo es porque estoy convencida de cicatrizar;
no quiero que me cosan la herida
con toda la mierda dentro,
por eso aprovecho ahora que se ha roto esta bolsa de basura
para contarle al mundo,
o a quien esté dispuesto a jugarse el sentido de la vista
leyendo tantas palabras puntiagudas,
que tu funeral ha sido la mejor Nochevieja de mi vida.

Escribir sobre ti
es transformar el folio
en la avenida de una ciudad cuyos basureros están en huelga.

No estoy escribiendo un poema,
gilipollas,
te estoy empujando.
Acabas de caer de culo
sobre un clavo oxidado
al que están ensartadas tus mentiras.

La culpa es mía: no leí el prospecto
y engullí tu corazón con piel incluida.
Pero el lavado de estómago ha llegado a tiempo,
ahora soy ignífuga y me río de tu voz incandescente.

Le he metido el dedo al ojo de tu huracán.

Me pone cachonda ver
cómo los pedazos inservibles de tus promesas
visten el suelo mohoso de las cloacas;
aquí arriba vuelve a oler bien,
ya no hay sitio para tu podredumbre.

Un punto final es un chaparrón,
y el que te he puesto a ti
está limpiando mi calle
arrastrando todas las flores muertas cuesta abajo.

1 comentario:

Rafael dijo...

Es muy duro, pero seguro de todos, en algún momento, nos hemos sentido así.
Un abrazo y feliz fin de semana.