Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

15 jul. 2014

Besos y cerillas





No te besé
porque sabía que sería como comprobar
con la lengua
que la plancha está suficientemente caliente
como para quitarle las arrugas a mi camisa
y agujerearla por completo.

Soy un Ave Fénix
con la asignatura de resurgir suspendida
y no quiero que me recojan
como a un cenicero que un perro ha tirado a la alfombra.

Un beso se convierte fácilmente
en una antorcha.
Un beso y una cerilla son gemelos,
adivina cuál es el hermano malo.

Tus labios son el asa de una taza de café
recién servida.
El asa no quema,
decían.
El vaso tampoco,
aseguraban tranquilos.
Mentían.

Estuve a punto de convertirme en leña
cuando te pusiste delante
pidiéndome que completara tu chimenea.
Me invitaste a pasar
pero me tropecé con el felpudo,
y cuando aprendí a saltarlo
se me olvidó cómo se mira hacia delante.

Me asustaron tus llamas,
pero ahora sé que el verdadero villano de esta novela
es la ausencia de ellas.

Es mejor vivir calcinado
que dormidos y arrepentidos.
Pero eso lo pensé después
cuando ya no había tiempo,
que es cuando se piensa todo lo bueno.

5 comentarios:

Amapola Azzul. dijo...

Cada día pienso menos, Un abrazo.

Rafael dijo...

Hay besos así y en ellos no se sabe distinguir la suavidad de la llama.
Un abrazo en la tarde.

Carol Balderrama dijo...

Me encanto! Me describe completamente
Saludos!

Sara O. Durán dijo...

Es muy bueno, te felicito, un deleite leerte.
Abrazo.

Patty dijo...

Que maravilla y prodigio eres preciosaaaaaaaaa :D nos haces ponernos las pilas con tus post jajaja besossssss :*