Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

17 nov. 2013

Cuando no estábamos muertos

Él estudiaba
y yo le estudiaba a él.

Nos despertábamos tarde,
besábamos pronto.

Íbamos al cine el día del espectador
y salíamos cantando I love Rock n' Roll
a grito pelado.
De noche.

Corríamos detrás de la luz verde
de los taxis.
Conocíamos a todos los conductores
de autobuses nocturnos.
Nos esperaban en la parada
con el semáforo parpadeando;
los veíamos desde la calle de enfrente
y acelerábamos el paso
esquivando farolas y pisando propaganda
de prostitutas de lujo.

Cenábamos pizza caminando por el centro,
nos besábamos en todas las esquinas
con la boca manchada.
Nos hacíamos con cervezas calientes
y cinco mecheros por un euro.

Él se compró una moto
y pasamos de la calle
a la arena de la playa.

Las luces del puerto
eran nuestras velas sin perfumar,
creaban ambiente acogedor,
era como un inmenso salón-comedor con olor a mar.
No veíamos estrellas fugaces,
pero por cada ola pedíamos un deseo
y nos metíamos mano diez veces.

Saludábamos a los pescadores
que iban abrigados hasta el cuello.
Yo agitaba la mano con la que sujetaba las zapatillas,
el otro brazo se lo pasaba a él por el hombro.

Éramos unos románticos
a orillas del Mediterráneo.

4 comentarios:

Rafael dijo...

Envidia y nostalgia de una etapa de la vida ya pasada.
Un abrazo.

Patty dijo...

Y muy románticos :D besos Nerea

Oski dijo...

Y el olor a sal y el sabor a cerveza llega a través de tus versos.

Enhorabuena.

Elendilae dijo...

La primera parte del poema me recuerda a otros que has escrito, con los mismos matices de calles, cerveza, besos y rock and roll. La segunda parte me ha encantado. El mar siempre inspira y trae tranquilidad.

Más vivos que nunca!

Un besito