Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.
30 may 2014
Baile de suicidas
Se me ha fundido la lucecita que me indica
que deje de luchar por algo que no me va a llevar
a ninguna parte.
Se han caído las señales de stop.
El cartel de "frene, hay un precipicio a 100 metros”
está borroso.
Puede que alguien me advirtiera que no me acercara
a ese vaso de agua porque podría ahogarme,
pero es que yo estaba muerta de sed
y a él se le veía tan fresquito.
Corro con los ojos muy abiertos
pero siempre aparece un cristal limpísimo
contra el que me estrello,
cómo engañan esos hijos de la gran puta.
Todavía no me he parado
aunque tenga la piel llena de arañazos
aunque vea mi reflejo en la puerta transparente
y sepa que esta vez el cristal es antibalas.
Sigo corriendo.
He cortado el cinturón de seguridad
y me he puesto de pie en lo alto de la montaña rusa.
A la cabina de mi noria le faltan un par de tornillos,
salto en ella y la balanceo
sin paracaídas ni colchonetas hinchables.
Siempre cojo al revés las escopetas de feria,
me apunto
me disparo
me prendo fuego
y no corro hacia el estanque de los patos para apagarme.
Conduzco un coche sin frenos
saltándome todos los límites de velocidad.
No voy a pedir disculpas, señor agente.
Me quedo hasta que cierran los bares
las librerías
las tiendas de discos
y los corazones.
Hasta que me echan.
Me quedo en la puerta aporreando la persiana metálica
aun sabiendo que nadie va a abrirme
y que ni siquiera soy capaz de hacer sonar tu alarma.
Aquí sigo,
bailando con las causas perdidas
el vals de los fracasados.
26 may 2014
Funeral
Eres un dolor de muelas,
el disparo de un marido a la rodilla del amante,
el puñado de más de sal en la comida.
Eres un poema roto en la papelera
del pasillo de Ciencias del instituto.
Eres una séptima cuerda de guitarra.
Eres un cristal sin barrer
en el suelo de la cocina
en verano, que se camina descalzo.
Eres una cinta de cassette
rayada y lanzada por la ventanilla
de un Chevrolet en marcha.
Eres salsa de tomate en mi blusa blanca,
café derramado en mi página favorita de La casa de los espíritus,
semen en el asiento del coche de tus padres.
Eres los plomos fundidos
en mitad de un concierto.
Eres el ‘Razona tu respuesta’
de todas mis preguntas.
Eres un gol después del tercer pitido,
la caída de una moto en la curva previa a la meta,
un coche en el fondo del barranco en un rally de montaña.
Eres un insecto en el primer plato del restaurante,
la cojera de una mesa,
el “se nos han acabado” del camarero.
Eres un mechero gastado
justo antes de encender el porro.
Eres un orgasmo mal fingido.
Eres un cartel que anuncia que
no llegas a la gasolinera más cercana
sin empujar el coche sesenta kilómetros.
Eres puñalada
e infarto.
Pero no eres mi funeral.
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