Se reía a carcajadas,
tan loca y preciosa
que daban ganas de invitarla
a un cigarrillo
y a casi 44 copas
en vaso de plástico
en terrazas de edificios altos.
Y a una fotografía desnudos
con agua de mar haciendo de ropa interior.
Se limpiaba la boca
con la manga del jersey,
y las manos con el corazón.
Yo la veía.
Tenía el poder
y el querer.
Se bañaba de noche
en todas las playas,
desnuda.
Desnuda porque decía
que la luna tampoco se vestía
y mírala, ahí arriba está, siendo
el blanco fácil de todos los poetas.
Le dedicaban canciones en la radio,
los coches paraban en verde
para dejarle taconear en los semáforos.
Lloraban las flores del parque, normal,
ahora la primavera tiene piernas largas
y un lunar en el hombro.
Las niñas la miraban desde abajo,
le estiraban con dulzura de la falda
para que les lanzara besos.
Cuando crezcáis no os rompáis las medias
antes de las 2 de la mañana.
Se pintaba las uñas
los viernes por la noche
para sujetar las copas a todo color
y para combinar con la piel de los hombres.
Bebía a tragos discretos e intensos.
Besaba el espejo de los baños de los bares
con la mirada,
y con los labios el cuello de camareros sin propina.
Subía sin bikini a los barcos,
y en las calas daba caladas
a cigarrillos que le ofrecían
los marineros con barba y esposa.
La vi hace poco
en la mirada perdida de un hombre
que sujetaba medio corazón
mientras leía la esquela del amor
en el periódico.
Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.
31 jul 2013
28 jul 2013
Escribíamos versos en los ascensores de la facultad
A lo mejor era domingo,
o tal vez sábado.
Creo que lunes no,
porque no bostecé.
Pero era verano, así que no importa el día.
Sé que era de noche,
porque te veía con las manos.
Aunque eso también puede hacerse de día,
pero abría los ojos y veía estrellas
y un enigmático brillo de sol a través de
nuestra luna
de cielo y coche.
La ciudad se nos quedaba pequeña.
Sexo inhumano sobre
escaleras mecánicas.
Los portales nos guiñaban el ojo
todas las madrugadas,
y nosotros nos reíamos de ellos
metiéndonos mano en plena calle.
Yo me escapaba algún invierno
dentro de ese verano
y te echaba de menos.
Volvía para saltar y que me cogieras en brazos,
me apoyaras contra la pared
y me raspara los hombros
con la esquina de un cuadro de Matisse.
Sonaba el teléfono;
era la llamada del alcohol,
de los bares,
de la penúltima copa,
del ¿te apuntas? y del dime hora y allí estaré.
Corríamos detrás de los taxis.
Insultábamos a los conductores de autobús.
Alguna mañana le sacaba la lengua
a las floristas
porque la mejor flor la guardabas
en la bragueta
y yo no necesitaba más primavera que ésa.
Llegábamos tarde a clase:
Estos estudiantes sólo piensan
en fumar porros y escribir canciones.
Aparcábamos en los pasos de cebra,
pegábamos volantazo en las rotondas,
rompíamos retrovisores
en todas las persecuciones.
Robábamos bolígrafos
a los conserjes
y escribíamos versos en los ascensores
de la facultad.
Leíamos el periódico
mientras tú tomabas café
y yo fotos.
Queríamos ser portada,
así que hacíamos el amor
en los campos de fútbol,
en los circuitos,
a las puertas del Congreso de los Diputados
y en las pasarelas de moda.
Enamoramos a todos los periodistas.
Yo dije ven,
pero nos cortaron
el agua corriente.
o tal vez sábado.
Creo que lunes no,
porque no bostecé.
Pero era verano, así que no importa el día.
Sé que era de noche,
porque te veía con las manos.
Aunque eso también puede hacerse de día,
pero abría los ojos y veía estrellas
y un enigmático brillo de sol a través de
nuestra luna
de cielo y coche.
La ciudad se nos quedaba pequeña.
Sexo inhumano sobre
escaleras mecánicas.
Los portales nos guiñaban el ojo
todas las madrugadas,
y nosotros nos reíamos de ellos
metiéndonos mano en plena calle.
Yo me escapaba algún invierno
dentro de ese verano
y te echaba de menos.
Volvía para saltar y que me cogieras en brazos,
me apoyaras contra la pared
y me raspara los hombros
con la esquina de un cuadro de Matisse.
Sonaba el teléfono;
era la llamada del alcohol,
de los bares,
de la penúltima copa,
del ¿te apuntas? y del dime hora y allí estaré.
Corríamos detrás de los taxis.
Insultábamos a los conductores de autobús.
Alguna mañana le sacaba la lengua
a las floristas
porque la mejor flor la guardabas
en la bragueta
y yo no necesitaba más primavera que ésa.
Llegábamos tarde a clase:
Estos estudiantes sólo piensan
en fumar porros y escribir canciones.
Aparcábamos en los pasos de cebra,
pegábamos volantazo en las rotondas,
rompíamos retrovisores
en todas las persecuciones.
Robábamos bolígrafos
a los conserjes
y escribíamos versos en los ascensores
de la facultad.
Leíamos el periódico
mientras tú tomabas café
y yo fotos.
Queríamos ser portada,
así que hacíamos el amor
en los campos de fútbol,
en los circuitos,
a las puertas del Congreso de los Diputados
y en las pasarelas de moda.
Enamoramos a todos los periodistas.
Yo dije ven,
pero nos cortaron
el agua corriente.
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