Aullidos, hoy no llueve.
Nadie duerme: las parejas hacen el amor
y los poetas se masturban;
otros sólo buscan cigarrillos.
Los mejores gatos
vuelven a estas horas
a una cama que no es la suya.
Hay bocas de metro
que besan con lengua,
pasos de cebra sin leones al acecho,
poetas sonriendo en los cafés del centro.
La vida es un arte;
y los que besan, mis artistas favoritos.
Hay café descafeinado
para los revolucionados innatos.
Música de acordeón en el andén del tranvía.
Chicle en el tacón.
Ascensor roto.
Medias rotas.
Corazón... Corazón intacto. Eso es nuevo.
Desayunamos con los
ojos llorosos de sueño.
Comer con las manos,
amar con las manos,
mirar con las manos.
Las manos son mi lugar favorito.
Y que cualquier hombre
me pise los pies bailando.
Con ganas.
Que las orquestas no terminan
hasta que se nos rompen
los pantalones
por el bolsillo de atrás.
La vida da muchas vueltas.
A veces de campana.
A veces en la cama.
En alguna de esas vueltas
el mareo es memorable.
De madrugada
las vueltas
son el cambio de 20
al pagar el último cubata.
Ayer por la noche perdí el autobús
en una timba de póker.
Hoy vuelvo volando,
pero sin avión
ni SuperMan.
Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.
5 sept 2013
4 sept 2013
Me cuento las pecas y los pecados
Me quito las zapatillas
con los cordones y las suelas desgastadas
de pisar tantos charcos
y de saltar todos los muros
de tu corazón vallado.
Cualquiera le echa un pulso
al verano.
Nos desnudamos y empatamos.
Nos besamos y ganamos.
A veces,
en sueños,
canto muda y beso con lengua extranjera.
Beso con acento italiano.
Beso al conductor de un Cadillac
en alguna carretera americana.
Camino hacia el monte
y cuelgo cantos de pájaros
en las flores de los balcones de las casas blancas.
Y me cuento las pecas
y los pecados. Pierden mis lunares.
Me confieso,
me absuelvo,
pero siempre regresa la noche.
Se van las nubes,
vuelve a llover,
hace calor y 4 tardes que no llamas.
El bastón se dobla;
me apoyo en las canciones,
en los discos de vinilo que
alguien me regaló cuando
el amor le dejó sordo.
En el tapizado de una silla de 1972,
en la televisión apagada de una cena en familia,
en las noches de luna llena a orillas de cualquier río
con luces artificiales innecesarias.
Lametones fuera de cobertura,
no hay señal,
interferencias en la saliva
que esculpe dulzura en los cuellos.
Marcas de dientes en los hombros,
barbilla irritada,
rodillas raspadas.
Última conexión de cama.
Llamadas perdidas en la almohada.
Se pone el sol
cuando la luna se quita el corpiño.
Me pongo yo
cuando
llega el estribillo de tu vieja canción.
con los cordones y las suelas desgastadas
de pisar tantos charcos
y de saltar todos los muros
de tu corazón vallado.
Cualquiera le echa un pulso
al verano.
Nos desnudamos y empatamos.
Nos besamos y ganamos.
A veces,
en sueños,
canto muda y beso con lengua extranjera.
Beso con acento italiano.
Beso al conductor de un Cadillac
en alguna carretera americana.
Camino hacia el monte
y cuelgo cantos de pájaros
en las flores de los balcones de las casas blancas.
Y me cuento las pecas
y los pecados. Pierden mis lunares.
Me confieso,
me absuelvo,
pero siempre regresa la noche.
Se van las nubes,
vuelve a llover,
hace calor y 4 tardes que no llamas.
El bastón se dobla;
me apoyo en las canciones,
en los discos de vinilo que
alguien me regaló cuando
el amor le dejó sordo.
En el tapizado de una silla de 1972,
en la televisión apagada de una cena en familia,
en las noches de luna llena a orillas de cualquier río
con luces artificiales innecesarias.
Lametones fuera de cobertura,
no hay señal,
interferencias en la saliva
que esculpe dulzura en los cuellos.
Marcas de dientes en los hombros,
barbilla irritada,
rodillas raspadas.
Última conexión de cama.
Llamadas perdidas en la almohada.
Se pone el sol
cuando la luna se quita el corpiño.
Me pongo yo
cuando
llega el estribillo de tu vieja canción.
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