Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

4 jul 2013

Vigas de madera

Camino por esta ciudad
que se derrumba preciosa a mi paso.
Con ventanas invisibles
que chirrían en mis oídos,
en mis sentidos.

Ciudad plagada de la belleza de lo antiguo.
A reventar de bonito pasado.
Cuántas parejas se habrán besado en estas calles.
Cuánto desamor habrá manchado sus alcantarillas.
Cuántas cartas arrugadas se habrán arrojado
a las papeleras que se apoyan en las farolas.

Quién pudiera mezclarse
con las enormes puertas de madera
que presiden,
en silencio y llenas de historia,
los edificios más antiguos.

Convertirme en asfalto,
fundirme con los coches
que pitan a los ciclistas
y a los transeúntes más despistados.
O imprudentes.
O vivos, alocados y dueños de todo ésto.

Quiero ser barniz
para bañar las vigas de madera
-reinas de la arquitectura-
que asoman por los balcones abiertos
en las noches de verano.

Las cortinas tienen una coreografía aprendida,
el viento es el mejor compañero de baile,
la brisa se retuerce como una enredadera.
El sol existe a lo lejos; la luna preside la función.

Veo buzones a los que ya sólo llegan
las cartas del banco.
No quedan enamorados lamiendo sobres
y temblando en Correos.

Cómo me gustaría
que estos portales de números impares
se sentaran conmigo una noche de inverno,
frente a un fuego de leña,
y me contaran cómo han llegado hasta aquí.
Quién les trajo.
Si les gusta el paisaje.
Si están cómodos.
Si se asustan de la mirada humana.

3 jul 2013

Estrofas con las que pagar la cuenta del bar

A ver cómo le digo yo ahora
al piloto que mi destino eres tú
y que tengo que aterrizar
entre tus rodillas.

A ver cómo le digo a este
vaso de tequila
que sólo tu lengua me calma la sed.
Le voy a romper el corazón al alcohol.

Madrid nos llama,
y su jungla de rock and roll.

Tendremos que buscarnos,
y encontrarnos,
en los mapas
antes de que le pinchen
las ruedas a la poesía.

Tendremos que besar la carretera
y gritar por la ventanilla
que la primavera ni se crea ni se destruye,
se canta.

Con la libreta a las espaldas
y los pantalones rotos
es como mejor se viaja.

Con mis manos llenas de tinta,
pulseras
y arañazos
es como mejor te viajo.

¡Estás tan bonito con Madrid de fondo
y sin pantalones!

La oscuridad está llena de luz
cuando hay gemidos rotos que
alumbran la habitación.
O cuando todavía quedan cerillas
para encender el cigarrillo de después.
De después de reinventar el amor
que se nos enfadaba en los bolsillos.

Si te quedas a dormir
se queda para siempre el arte
en las sábanas blancas.
Las musas te traen vestido,
pero si no te desnudo yo,
aquí no hay inspiración que valga
ni lienzo donde pintarte el paraíso.

Maletas hechas de estrofas
con las que pagar la cuenta del bar.
Con las que pagar las cervezas frías
que bebes mientras me miras escribir
al otro extremo de la barra.

Nadie sabe más de amor y desamor
que la barra de un bar.
Y sus baños.