No puedo esperar que vuelva.
Igual que no puedo esperar
que haya papel
en cada baño de bar al que entro.
Me echó susurrándome
que era un hasta luego.
Ahora entiendo que
el hasta luego
no era hasta él,
sino hasta otro amor.
Me despedí del amor
en su cuerpo.
Se despidió del amor
en mí,
hasta que vuelva a saludarlo
en otro cuerpo
con más tetas
y los dientes más rectos.
En otro cuerpo
de otra chica
menos pesada,
menos agobiante.
No se podía quejar
de mis abrazos.
Abrazaba con todas las partes
del cuerpo,
incluso con las sentimentales.
Abrazaba con la rabia del fin
de cada noche.
Abrazaba con la ilusión
de nuevos abrazos.
Abrazaba con el vértigo
que me daba pensar en no abrazarle más.
Tengo muchísimo miedo
de que el último beso
sea de verdad el último.
¿Quién es más cobarde?
¿Él, que ya ha borrado
todo lo que tiene que ver conmigo;
o yo, que sigo leyendo la única carta
que me escribió?
YO, por supuesto.
YO en mayúsculas.
YO a gritos.
Quiero salir de esta canción.
Con
o
sin
él.
Se me está atragantando
el estribillo.
La ausencia.
La certeza.
Te voy a perder.
Pero tú también me vas a perder a mí.
Para siempre.
¿Te has parado a pensarlo?
5 comentarios:
"Me echó susurrándome que era un hasta luego." me ha encantado.
"Me echó susurrándome que era un hasta luego." me ha encantado.
Es difícil valorar la "cobardía", aunque personalmente, me inclinaría por la personal de tu protagonista.
Un abrazo en la noche.
Que triste lo que pasó, he sido testigo muchas veces de la alegría que había aquí, cuando entre andenes, taxis, bicicletas, ventanas y juegos de sábanas se llenaba de amor ...ainsss
Besitos Nerea :*
Me encanta cómo escribes. Da gusto leer poemas llenos de frescura. Un beso.
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