es no mirarte mientras te duchas,
no deshacerte la cama
o no limpiarte con la lengua
la espuma de cerveza.
La eternidad se nos acabó
en el segundo bostezo,
pero el equipaje sigue facturado
y lleno de poesía.
Adelante, barbudo,
hazme verso.
Al aire coseré tus gemidos
para que envuelvan a la humanidad,
que falta le hace.
Se acabó el carmín rojo para pintar
corazones en tu pecho,
la saliva dura más,
aunque sea en el alma,
y así te tatuaré yo mi pornografía.
Desde que me subo
en los autobuses sin mirar
me han crecido primaveras en los tobillos;
y en los hombros dejaron de anidar
rencores para que hicieran su hogar
las despedidas bonitas.
En esta historia,
la musa se enamoró del poeta
y duerme cada noche a los pies de su bañera
esperando el amanecer con mejores vistas:
su barba bostezándole entre espuma.
7 comentarios:
Repitamos el primer bostezo siempre, escondamos el segundo , lleguemos al tercero sin contar :)
Versos que, al leerlos, te dejan una sonrisa en los labios.
Un abrazo.
Entre barba y bostezos va pasando la vida¡Qué buen hilván para coser tan bellos sonidos!
Historia que se repite en los anales de la ahistoria donde la poeta es la musa y la musa el poeta.
Tus versos hoy deparan sonrisas.
Besos.
Qué bonito. Acabo de recitar tu poema en voz alta y aún suena mejor *-*
Besos, o versos ;)
A veces los abismos son necesarios para, sentir el peligro a nuestros pies, dar media vuelta y tumbarnos a la sombra del arbolito vivencial…Besitos desde Barcelona, amiga.
se me pasó firmarte,aunque ya te dije que me transmitía este espléndido poema!
=)
me ha sonado a rústico y rural. ejeje no sé bien porque. Supongo que por la barba, y tu escenario de luz en las alturas.
Eso sí, poético como siempre!
un beso
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