Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

21 dic. 2014

Marejadas


Allí es donde podríamos ser felices
qué miedo
allí es donde nunca iremos.

Nos quedaremos
para siempre
en esta parte de la isla
acampados en la falda del volcán.

Yo callada
sentada en una silla de mimbre
contando las gotas de tu lava que llueven sobre mi espalda.

Con hipo y mucha sed.

Descalzos
pisando medusas y erizos de mar.

Con los ojos llenos de arena y rocas.

Tiritando
chasqueando los dientes con un ritmo extraño.

Contando libélulas.
Bostezando
permitiendo que las arañas nos entren por la boca
y amordacen con tela irrompible a todas nuestras mariposas.

Pintando en paredes escenas de baile
dibujándote a ti con pajarita
y a mí con zapatos blancos.

Temiendo al viento.

Hambrientos
decididos a seguir con el estómago vacío
antes que coser juntos una red de pescador.

Y cuando cada uno se vaya por su lado
intentando sobrevivir
nos arrepentiremos todas las noches
de no habernos dado cuenta antes
de que juntos ya estábamos a salvo.