Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

25 ago. 2014

A estas horas




A estas horas en las que sólo se escucha
el ruido de la nevera.

A estas horas en las que las oportunidades perdidas
martillean en la nuca
y bailan bachata apretándonos el cuello.

A estas horas en las que todo está tan roto
que incluso con zapatillas
nos clavamos restos de jarrones que se rompieron vacíos.

A estas horas en las que sólo hay luz
en el baño del poeta
en las gasolineras
y en las farmacias de guardia.

A estas horas en las que no hay música que amanse a la soledad.

A estas horas en las que vomitan los adolescentes.

A estas horas en las que las putas
escriben en verso.

A estas horas en las que malinterpretamos las miradas.

A estas horas en las que el verano se acobarda
y da media vuelta
como cuando Víctor llevaba a clase
todos los días
una carta
y terminó primaria sin dejarla en el pupitre de Julia.

A estas horas en las que se fingen los orgasmos.

A estas horas en las que los microondas
besan en la frente a las pizzas.

A estas horas en las que los niños
ensayan besos con lengua
en el espejo del baño.

A estas horas en las que el último culo
se levanta de la butaca del cine X.

A estas horas en las que se vacía la bombona de butano.

A estas horas en las que
“-quédate a dormir.
-mejor otro día, adiós”.

A estas horas en las que no pasan las horas.

A estas horas en las que las zorras se creen gatas pardas
y ni siquiera llegan a mosquitas muertas.

A estas horas animales.

A estas horas en las que todos los sombreros
cuelgan del pomo de las puertas.

A estas horas en las que
rodeado de colillas de porros mal liados
te destroza la certeza de que jamás volveré a ser tuya.

19 ago. 2014

Sus ojos





Sus ojos son un pozo sin fondo
una cloaca hasta arriba de residuos con buen olor.

Al asomarte te relames,
al tirarte de cabeza te salen branquias
respiras en el Pacífico
junto a peces de colores que hacen autoestop.

Alicia se pondría las botas cayendo por sus ojos;
el conejo olvidaría el reloj
y se detendría a leer los poemas que hay escritos en la pared azul.

Ves animales salvajes
esquimales
palacios árabes
tribus africanas cocinando.

Ves todos los continentes
Pangea de iris y pestañas.
Rotación y translación cuando me busca con la mirada en la plaza.

Hay puertas sin letrero
que llevan a islas habitadas por especies desconocidas
que brillan en la oscuridad.

Se balancea una mecedora de madera
suena una canción de Bruce Springsteen,
nieva pero hace calor
hay tartas humeando en las ventanas.

Huele a café
a incienso
al perfume de jazmín que deja una chica al pasar.
Huele a bragas y a sexo
a movimiento de caderas
a ganas.

Sus ojos son tienda de campaña
casa rural
hotel cercano a una pista de esquí.

Hay un campanario
un cementerio
un camino de piedras que beben para olvidar que nadie tropieza con ellas.

Hay máquinas de coser
dedales
paños de cocina
tijeras para cortar el flequillo.

Hay hielos
refrescos
zumos de melocotón
y un baúl sin recuerdos lleno de botellas de vodka.

Si dejas tu corazón en sus ojos
a remojo
una noche entera
se regenera,
se le cierran los picotazos
y le crecen zapatos nuevos.

Sus ojos son hospital
primeros y únicos auxilios
puntos de sutura
beso sanador de abuela.

Sus ojos,
yo qué sé,
son el coño por el que sale Cupido.

Son mi ventana de madera
mi portal al mundo
el cristal donde quiero apoyar mi nariz
el blanco de mi aliento.

6 ago. 2014

Obsolescencia programada





He perdido la cuenta en números romanos
de todas las veces que me han depositado en una cesta de mimbre
y abandonado en un río cuya corriente lleva a una gran catarata.

Más de una vez me han cogido el corazón
como si fuera un libro de la biblioteca del instituto
olvidando el plazo de devolución,
lo han dejado en una estantería junto a otros corazones superventas pasados de moda
en una habitación donde sólo hay condones y llamadas perdidas.

Apagar el cigarrillo tras la tercera calada
es lo que se lleva ahora.
Nos sobra el dinero y los latidos.
Coleccionamos te quieros con obsolescencia programada,
reliquias de material perecedero que ningún arqueólogo podrá desenterrar.

El aviso de derribo fue tapado por un anuncio de prostitutas asiáticas;
la bola de demolición me pilló por sorpresa
sin ser mi cumpleaños
ni mi santo
ni Noche de Reyes
sin lazo rojo ni papel de envolver
me pilló por sorpresa
y qué poco me gustan las sorpresas.

Me mantengo con vida porque alguien tendrá que contarle
a tus hijos 
lo gilipollas que te volvías cuando dos tetas te pedían la hora.
Juro hacerle la autopsia a tu cuerpo acobardado
y meter en tarritos de vidrio transparente cada pedazo de mujer que halle dentro.

Son muchos los contagiados
con la misma fiebre,
no hay vacunas suficientes para tanta lengua traidora.
Habrá que extirpar
sin anestesia ni botella de vodka,
a pelo: como los polvos de un matrimonio que todavía no ha destapado las mentiras.

Has tardado tanto en llegar con el zapato de cristal
que Cenicienta se ha dado cuenta
de que no pasa nada por caminar descalza.

Ahora soy yo la que ríe
y tú el que hace el ridículo
porque la lluvia bajo la que bailas
soy yo escupiendo.

3 ago. 2014

Destino francotirador





El destino me ha disparado en el estómago.
Un balazo sucio que me ha manchado el ombligo.

El destino me ha puesto
por toda la autopista
clavos en forma de labios;
mi cuerpo ha pinchado
y sin parar de acelerar ha caído en la cuneta.

Mi cuerpo huesudo
ha caído en tu cuneta;
has venido a olisquear comprobando que no me he roto nada.

El impacto ha sido de película,
sigo viva como si esto fuera cine de acción.

Me veo capaz
de caerme por todas las escaleras del mundo
sin hacerme ningún rasguño.
Esta noche he rodado por la de Led Zeppelin,
quién quiere cielo si las partes de abajo siempre fueron las mejores.

He llegado hasta ti con el vaso intacto y vacío;
lo he llenado en la barra libre de tu desastre,
voy borracha de causas perdidas.

El destino es un pintor
y acaba de cubrir el primer plano del lienzo
con tu pelo moreno
porque ha pensado que esta noche
no me gustaría bailar sola dentro de mi cuadro.

El destino ha clavado sus dientes
en mi ingle
como una víbora hambrienta que se defiende,
el veneno ha llegado hasta el fondo
y quiero que lo chupes.

El destino me ha disparado en el estómago
y tú te has colado por el agujero de bala
como si mi cuerpo fuera el único bar abierto.

Que el destino nos siga acorralando.
Que sigamos hiriéndonos juntos
hasta que con la última gota de nuestra sangre
escriban la palabra fin.