Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

30 abr. 2014

Fenómeno natural



Has dejado a la primavera con la boca abierta:
le ganas en eso de alterar cosas.
Se quita el sombrero delante de ti,
sujeta su falda y hace una reverencia,
se inclina ante tus majestuosas maneras de existir.

Ella tiene flores,
pero eres tú quien va por ahí creando vida;
o, mejor, dando motivos para seguir con vida.
Si respiro es sólo para olerte.
Me acerco a ti,
eres mejor que una flor,
el roce de tu barba es mi espina de rosa favorita.

Los charcos de tus lluvias refrescan más.
No necesito botas especiales para pisarlos,
ni siquiera necesito botas.

Cuando das calor
no busco el toldo de las terrazas,
expongo piel y corazón
sin miedo a que se queden del mismo color rojo.
La piel irritada después del beso eterno
también desemboca en un bronceado para lucir con orgullo.

A besos se funciona mejor que a fotosíntesis.

Enséñale a abril y a mayo quién lleva los pantalones.

Lo único que vale de la primavera
es el sol que atraviesa tu jarra de cerveza
y que tapas con la mano al sujetarla.
Y
ya ves
ese eclipse sucede en todas las estaciones.

25 abr. 2014

No soplo si quema



El momento antes
del primer beso
es como cuando alguien dice
“¿no huele a gas?”
justo antes de que
estalle la cocina.

A día de hoy sigo ardiendo,
y eso que ha llovido mucho
desde el día del incendio.

Creo que voy por el
854465 primer beso con él,
y si abro los ojos antes,
durante,
o después
podéis ver el fuego reflejado en mis pupilas.

Y sonrío como un niño con una lupa
en una tarde de julio
frente al hormiguero más grande del parque.

O como el pirómano descerebrado
que, mechero en mano, camina por el bosque
dejando un rastro de colillas
para saber volver a casa.

Nunca hay cenizas.
Las llamas no se extinguen
ni calcinan las cartas con las que se alimentan.

Tampoco hay quemaduras,
ni de tercer grado
ni de 40 a la sombra.
Sólo un calor confortable en los labios
y en la barbilla.
Y en las manos, que nos conocemos.

¿Sabéis cuando el agua para una infusión
empieza a hervir?
Pues mi sangre está siempre lista
para haceros un té rojo.

Besarle es como sentarse en el radiador
en febrero
sonando Billie Holiday
a esperar que la lavadora centrifugue.

Me dan ganas de sonreír
cuando pienso que tenerle cerca
es como meter el dedo meñique
en el cazo donde se calienta la leche del desayuno
y ver que está justo en su punto.
Vaya tontería;
pero, qué coño, tenerle cerca da ese gustito.

21 abr. 2014

Tu magia y el invierno



Vacíame la luna en la cara.
Y que se derrame su falsa luz
por mi boca,
cuello,
tatuaje.

Hasta la cintura de la falda que llevo,
que no es falda
sino cortina que separa
la ventana de tus ojos
del paisaje de mis bragas.

Los vientos de tus manos
la levantan.
Vientos calientes,
delante de los que ponerse con
el pelo suelto y el ombligo al aire.

Vientos que no aparecen al doblar la esquina
pero te pillan igual de desprevenida;
vientos impredecibles,
que impresionan.

La montaña rusa cae en picado
y los gritos suben al cielo.
Llegan a la luna, la revientan,
y es entonces cuando me la vacías en la cara.
Me pringas de noche y de magia.

Disparas a los pies de diciembre
y le gritas que baile como julio.
Nos levanta de la hilera de sillas de plástico
y nos saca a la pista,
que ha pasado del gimnasio del instituto
al salón de casa.

Eres un extintor de inviernos,
de los trozos feos de los inviernos.
De las zonas quemadas,
inundadas
y derrumbadas
de los inviernos.
De las tuberías congeladas
y el cajón vacío de leña.

Enciendes un mechero,
me lo acercas tanto al corazón
que regresan las hogueras de San Juan.
Los fuegos artificiales
somos nosotros uniendo nuestros caos.

La comodidad,
los pies calientes,
el olor a hierbabuena
y el cuerpo tranquilo después del sexo
nacen de ti.

17 abr. 2014

Trenes sin retraso



Vuelve la ventana entreabierta por la noche.
Las cenas en la azotea.
Las mañanas de playa.
Las noches de montaña
para sentarse en las escaleras pidiendo deseos a
estrellas que se apagaron hace tiempo;
aunque, a ver, los deseos
para que se cumplan
no hay que pedirlos
hay que ponerlos en carretera firme
y hacerlos rodar.
Vuelven los niños señalando a las parejas que
se besan en la boca.
Vuelven las barcas
y las paellas al sol.
Vuelve mi corazón a quedarse en bolas,
se ha quitado tu albornoz.
Vuelven las meriendas de gasolinera.
Vuelven las gafas sucias
y las camisetas de tirantes
para limpiar los cristales.
Vuelve la luz colándose por la cortina
de la cocina
después de comer
cuando los niños echan la siesta
y la abuela ve la televisión mientras hace ganchillo.
Vuelven los piropos en las terrazas de los bares.
Las miradas por encima de las gafas de sol.
El pelo rizado.
Las pulseras chorreando agua de mar.
Vuelven las guitarras en los parques del barrio.
Los pantalones cortos.
Las despedidas largas.
Los hocicos de los perros asomando
por debajo de las mesas de piedra
que hay al lado de los huertos.
Vuelve la radio sonando en los bolsillos
de los delantales de
las señoras que barren la puerta de su casa.
Vuelven las sillas de madera
en la plaza.
La chaquetilla gris colgando del brazo
a las once de la noche.
Vuelve el último baile.
Vuelve la marca de los tirantes del sujetador.
Vuelve el río.
Los pies descalzos.
La fuente de las celebraciones de fútbol.
Vuelve la sombra de los balcones.
Los árboles del pueblo.
Los toldos de las fruterías.
El aire acondicionado en la puerta del centro comercial.
Vuelve todo eso,
no me hace falta que vuelvas tú.

14 abr. 2014

El errante



Fiera habitual de casino y puticlub.
Invierte en orgasmos
y mete billetes de 50 en
tangas de colores.

Se alimenta con birras calientes,
películas porno
y comida a domicilio.

En su corazón hace el frío
de tres mil Antártidas.
Mantiene helados los cócteles
si se los acerca al pecho.

Desayuna todas las mañanas
en el restaurante del hotel donde anoche asesinaron
a la novia adolescente del alcalde.

Enseña a esnifar cocaína
a sus amantes
en los baños de restaurantes de
a cien euros la botella de vino.

Si te quedas conmigo
te compro el vestido más caro
del barrio de Salamanca, morena.
Un te quiero a cambio de zapatos negros de tacón.

Arranca los carteles
de los cantantes de moda.

No se quita el sombrero
ni cuando se masturba.
Pone las botas de piel sobre la mesa,
manchadas de ceniza y espuma de afeitar.

No se tiene,
y ha dejado de echarse de menos.

Huele a colonia cara,
pero apesta a humanidad barata.
Y a cigarrillos importados.

Tiene tan mala suerte
que todavía no se lo han cargado
con un tiro en los huevos
y otro en la garganta.

13 abr. 2014

Medidas



Te quiero de aquí hasta aquí.
Y señalo cada borde de la cama.
Ésa es la distancia más larga,
la que más importa
y la que más nos gusta recorrer.
Por la mañana.
Por la noche.
Con los ojos cerrados
y las manos abiertas.
También te quiero desde la mesa de la cocina
hasta la cortina de la ducha.
Desde la puerta del primer baño
hasta el decimosegundo barrote del balcón.
Desde la esquina de la estantería de madera
hasta la chincheta que sujeta una fotografía
del viaje a Cádiz.
Desde la gota que cae
por tus botellines de cerveza
hasta la de tinta que resbala en mis folios.
Desde el candado de nuestras maletas
hasta la llave del buzón.
Desde el auricular de la oreja derecha
hasta el de la izquierda.
Desde la pelusa enganchada a la pata de la cama
hasta la marca de la taza de café en la encimera.
Desde mis legañas
hasta tus bostezos.
Desde tu guitarra
hasta mis discos.
Desde los imanes de la nevera
hasta los mensajes en el espejo empañado.
Desde la manzana verde
hasta las galletas de chocolate.
Desde la primera página del atlas mundial
hasta la última.
Desde las camisetas de tirantes
hasta los jerséis de lana.
Desde las películas de intriga
hasta los documentales sobre la reproducción de los moluscos.
Desde tus zapatillas
hasta tu pelo recién cortado.
Desde hace mucho
hasta no parar nunca.

8 abr. 2014

Séptima vida

Quedaremos en otra vida y
me llevarás a ese pueblo de pescadores
para comer sardinas y mirarnos vivir.

Veremos atardecer mientras
unos niños nos limpian el coche
a las puertas de un bar de playa.

Pararemos el tráfico de autobuses de turistas
para cruzar la pequeña carretera
que separa el aparcamiento y la pensión Andrés
donde haremos el amor sin dejar que el sueño
salga del banquillo.

Alquilaremos una barca azul y blanca,
nos quemaremos los hombros,
mudaremos de piel.
Mudaremos de habitación de alquiler.

Serpentearemos por arenas
llenas de colillas
y restos de bocadillo.

Saldremos por la noche.
Encenderemos hogueras clandestinas
-árdeme encima-
y también prenderemos fuego
a tablones de madera.
Ayudándonos de hojas de periódico
donde ya no hablan de nosotros.

Le robaremos la motocicleta
al chico que vende bebida en los bancos de piedra,
iremos a la montaña
y se la devolveremos.

Nos querremos tanto
que seremos el sol y la luna
en versión posible.

En otra vida.
En ésta no tienes cojones.

3 abr. 2014

La vida sigue

Igual tienen razón
y la vida sigue.

Sigue corriendo detrás
de imposibles con nombre de arrasacorazones.

Sigue dejándonos despiertos,
con la ropa puesta,
madrugadas enteras.
Sin arroparnos
ni cantarnos
ni inyectarnos inspiración directamente
en vena.

Sigue vaciándonos los vasos
cuando más sed tenemos.
Y nos pone la fuente más cercana
a ocho bocas de distancia.

Sigue endureciendo el suelo.
Las hostias duelen,
tenemos los dientes intactos
pero el corazón lleno de caries
amenazando con caerse al contacto con el
próximo bordillo.
Bordillo humano, que todo hay que decirlo.

Sigue tocándonos con las manos frías
por debajo de la camiseta
y de la piel.
Qué difícil es encontrar una
estufa que nos reconforte.
O unos guantes.
O una navaja para cortarle dedo a dedo
empezando por el corazón,
que es un cubito de hielo
sin vaso de cubata.

Sigue bailando desacompasada.
Sola delante del espejo
imaginando que tiene acompañante vestido
con esmoquin y pajarita.

Sigue pisándonos los pies
y lo fregado
pero sin resbalarse,
qué hija de puta.

La vida sigue
persigue
pero no consigue nada.