Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

30 mar. 2014

Qué le pasa a marzo

Llueve como si al cielo
le hubiesen roto la libreta de inglés
de segundo de primaria.
O las medias
por el sitio equivocado.

Los pájaros cantan
pero no se ven.
Como si fueran una chica
duchándose en casa de su mejor amigo
tarareando La luna debajo del brazo
mientras él la escucha desde la cocina.

La gente camina con paraguas.
Como pañuelos callejeros
que no dejan que las lágrimas
lleguen a las mejillas
de las aceras.

Botas de agua.
De aguanta
un chaparrón más
que el sol está de camino
y se abrirá paso como una ambulancia
en el tráfico de la Calle Mayor.

Los cristales se están mojando.
Gotas que se deslizan
como arañazos de primavera.
Húmedos.
Sexo de ventanas y lluvia.
Y de trapos para limpiar la corrida.

Tu timbre sonando empapado.
Porque ella, nostálgica,
ha salido corriendo
y te ha ido a buscar.

28 mar. 2014

Comparación

Te pareces a la primavera
cuando se pone tonta y graniza,
y manda a tomar por culo las flores que creó.

Cuando encapota los cielos y
nos obliga a mirar al suelo porque
las gotas escuecen en los ojos.

Cuando nos dice: que os jodan
y arremete contra los ventanales
con la furia de quien rompe cartas.

Te pareces a la primavera
cuando se pone guapa y tira
el sol por la ventana
para que nos quitemos las chaquetas
y luzcamos andares y hombros.

Cuando se cree verano y se pone
delante del armario
de las chicas
diciendo: hoy déjate de medias.

Cuando abraza los pies descalzos.

Cuando guarda un banco libre
en cada parque
por si una pareja
quiere reconciliarse.

Enamorarme de ti
fue inevitable.
Pero qué alergia.

25 mar. 2014

Amores de verano

Amores de verano
que también meten mano en primavera
y crean tormentas en invierno
y se caen y se levantan las veces que haga falta
en otoño.

Amores de verano
sin calor
con mantas
con guantes y paraguas.

Que saltan charcos
calzando botas de agua y calcetines gorditos.
Cogidos de las mangas de los jerséis de punto.

Amores de verano
de cuatro estaciones,
como las pizzas y los pasaportes.

Que se echan el aliento
en la piel de gallina.
Se frotan los brazos por la noche
después de sujetar una taza de
tu-y-yo calientes.

Que caminan en contra del viento
y no se abrochan el abrigo hasta el cuello
porque quieren lucir los chupetones.

Que comparten alergias
cuando marzo se agota.

Se llaman por teléfono.
-¿Qué llevas puesto?
-Un suéter de lana y las ganas de ti, ¿y tú?
-El radiador en la espalda y las ganas de nosotros.

Amores de verano
de trescientos sesenta y muchísimos
días.

22 mar. 2014

Tu sombra

Tu sombra me ha cogido de la mano.
Lo ha hecho de repente,
ha venido por detrás y
ha entrelazado sus dedos de recuerdo
con los míos de presente.
Sigue aquí
bajo las luces de la noria.
Igual que tus pisadas con iniciales.

Al principio ha sido como
aguantar una cerilla encendida
hasta el final.
Qué daño.
Pero después se ha quedado el calor en
la palma de mi mano
y ahora ya no camino sola.

Me giro y tu sombra deja rastro.
No te imagines algo fluorescente.
Ojalá
y se enterasen todos de que
merodeas por aquí.
Es un rastro invisible
que veo cuando cierro los ojos
y te recuerdo sonriendo y diciéndome
vente conmigo.

En esta ciudad se escribió
poesía por primera vez
la noche en que maldecimos
a los asientos de delante
por no ser cama.
Y a los cargadores de móvil
por no ser condones.

Mientras todos levantaban la cabeza
para mirar los fuegos artificiales
yo la levantaba
para mirarte a ti.
Ellos miraban al cielo
pero se estaban perdiendo el espectáculo.

20 mar. 2014

Desnudez

Ahora que sé cómo miras de cerca
me siento realmente desnuda.
Y llevo los vaqueros puestos.

Tus ojos son manos
que deslizan el tirante
de mis sentimientos
por mi hombro izquierdo
y lo dejan caer.

Sin ropa que me cubra el corazón
estoy perdida,
encuéntrame.
Perdida pero no helada.
El riesgo de desnudar un corazón
es que empiece a tiritar
pero yo no tengo frío.

Tu mirada
desnuda con manos de masajista,
sin aceites corporales
ni mariconadas.
Desnuda a pelo.

Has dejado de tener mirada.
Ahora es una sala de interrogatorio,
pero no me siento incómoda.
Hazme pasar.
Ponme delante de ese espejo
y pregúntame lo que quieras,
te lo besaré todo.

16 mar. 2014

Guardiana

La semana pasada compré un libro
de segunda
u octava mano
en una feria de por aquí cerca.

Siempre que compro un libro
abro al azar y leo
la primera palabra que se me planta
delante de las narices.

Pero esta vez
esa palabra
no era del autor del libro.

Había una nota
entre las páginas.
Algo escrito
para la antigua dueña.
Bueno, dueña queda un poco feo, ¿no?
¿Guardiana?
Antigua guardiana del libro.

"¿Cuándo vuelves de Cotswolds?
Te echo de menos,
seguro que sigues
igual de guapa y graciosa.
Nos vemos pronto.
Te espero.
Nos espero."

¿Cuáles eran sus nombres?
¿Cuánto hace que
se escribió esa nota?
La edición del libro
es de 1976.
¿Ella volvió?

¿Y tú?
¿Cuándo vas a volver tú?

12 mar. 2014

Ya no queda nada

Quiero echarte a patadas
pero hoy he soñado contigo
y esto es mi desayuno.
Hoy no  hay galletas.

Estábamos en una ciudad
con coches rojos
y señoras con rulos en la cabeza
que se chivaban a la policía.

Qué he soñado es lo de menos.
Voy a contarte qué he sentido.
Y qué siento.

¿Alguna vez te has despertado
con ganas de llorar?
No voy a hacerme la dura,
he llorado cuando me he despertado.

Me he puesto a llorar
porque en el sueño nos mirábamos
y todo era como en los primeros días.
Pero los sueños, sueños son;
y a mí no se me cumplen
ni los plazos para devolver
los libros a la biblioteca.

He abierto los ojos
y he notado la evidencia de que tengo que aprender
a pisar la calle sin tus buenos días.
A no ahogarme.
Ya estoy practicando
para los próximos sesenta años.
No lo llevo bien,
pero poco a poco;
como cuando empiezas
a hacer malabares con globos rellenos de arroz.

No es la primera vez que sueño contigo,
seguramente tampoco sea la última.
Pero ha sido tan intenso y tan palpable
que sé que fuera de él, en la vida real,
ya no queda nada.

3 mar. 2014

Digestión

Sabes lo de las dos horitas
de digestión
antes de lanzarte de cabeza
a la piscina.

O antes del
"¡mamá, me voy al agua!"
en la playa.

¿No?

Pues sólo es
una variante
de la digestión del amor.

En el amor,
primero te tiras al mar
-saltas dentro de él,
quiero decir,
no hablo de que te lo folles-.
Y después haces la digestión.

Pero no es un mar cualquiera, ojo.
En ese mar
te tienes que ahogar,
por narices,
para que haya digestión.

Nadie quiere ahogarse,
claro.
Pero pasa.
Pasa.
Mucho.

Digestión de dos horitas
o dos añitos.
Según la cantidad
de boom boom ajeno
que te hayas metido entre pecho y espalda.

También importa
el número de latidos tuyos
que el/la otro/a
se haya tragado.

Y yo,
personalmente,
llevo
un buen
empacho.