Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

29 sept. 2013

La cuneta de mi cama

El vendabal no pasa,
se ha quedado en mi habitación
tirándome los libros
y golpeándome el pecho.

Me he parado a saludar
a un desconocido por la calle
y me he perdido.
Le he guiñado un ojo al cabrón del destino,
me las pagará algún día.

Estoy perdida,
te has llevado mis latidos y mi mapa.
¿Ahora qué?
Ahora pregunto a los tenderos,
que no me dan soluciones pero me regalan naranjas.

De equipaje llevo una vieja canción
y el tacto del césped en las palmas de las manos.
Un banco sin nombres grabados.
Dos entradas de cine.
Un libro de Historia.
Y la soledad tirándome del vestido.

A lo mejor llega un día
en el que mi corazón vuelve
con el tabaco que fue a comprar.
¿Te imaginas?

El viento dice que te va a soplar detrás de las orejas
y después te volará las cartas
que nunca te atreves a enviar,
cobarde.

Aquí no lucha ni Dios.

Tengo sueño
y un cartel de "abierto" en los párpados.
Todos estos bostezos se los dedico a tu entrepierna,
ella se los pierde.

Se me ha apagado el cigarrillo de después,
y ahora sólo puedo fumar acordes.
Me curo con cerveza
las rodillas raspadas de agacharme para buscarte debajo de la cama.
Los nudillos en carne muerta
de llamar a las puertas de hostales donde sé que no estarás solo.
La garganta rota de gritar tu nombre
desde la escalera de incendios.
-Para incendio
el que se me metió detrás del ombligo
cuando dijiste que dejabas de cantarme-.

Es el primer otoño que no llamas.
Tengo el contestador lleno de silencios sin rima.
La ropa interior está muerta.
No van los bolígrafos.
Los camareros ya no me fían.

Aquí estoy,
tirada en la cuneta de mi cama.

Eres lo mejor que me ha pasado
por encima.

17 sept. 2013

Julietas en Chevrolets

Me he dejado en la cuneta
un montón de vestidos,
que nadie me quitó nunca,
llenos de piel muerta.

Tazas rotas en la guantera,
paquetes de cigarrillos sin cigarrillos,
un cassette de música de los 70,
una botella de whisky medio llena.

Gafas de sol para conducir de noche,
autoestopistas con resaca,
moteles con puertas cerradas,
airbag en el alma para encajar cualquier golpe.

Lleno el depósito con frases bonitas,
lamo las gotas de combustible que resbalan,
pierdo los mapas en el kilómetro 30,
en el asiento de atrás he dejado un libro de visita.

Acierto en el blanco con los ojos cerrados,
en las gasolineras no arreglan corazones,
chaleco reflectante debajo de la lengua,
carreteras secundarias con los días contados.

El miedo me adelanta por la izquierda,
frenazo antes de llegar al precipicio,
besos asfaltados que se pierden en vasos de chupito,
amantes que ya no bajan para abrirme la puerta.

Vaqueros con bolsillos rotos en el capó,
condones sin usar en el salpicadero;
las latas de cerveza duran media recta,
después las aplasto con la punta del tacón.

Camiones de mercancías con orgasmos al por mayor,
diarios sin dueño,
multas garabateadas con tinta china,
camisetas ajustadas reflejadas en el retrovisor.

Desiertos en mitad de las canciones,
luz roja marcando que no queda gasolina,
puñetazo en el volante, suena el claxon,
Julietas en Chevrolets que ya no salen a los balcones.

15 sept. 2013

Los vecinos no hacen ruido

Ahora estoy en la playa,
y un monstruo marino
con ojos bonitos y mojito en la mano
me mira mal.

Lleva el nombre de las cosas que queman y duelen.

El mar está en calma;
el de verdad, quiero decir.
En mi mar interior ha subido la marea,
y los barcos luchan contra relámpagos
de viejas canciones.

Atravieso un túnel lleno de luces amarillas
que me lleva a mi habitación.
Desde este piso con ascensor
y con portal limpio
no veo bien el horizonte.
Los toldos no están rotos
y los vecinos no hacen ruido, qué fealdad.

Me quedo callada
y desnuda
frente al espejo del armario del pasillo,
mirando fijamente a mi corazón.
Sonrío al verle tan dormido,
tan inocente,
tan corazón.
Parece que nunca ha roto un plato.
Parece que nunca se ha roto.
Sonrío igual que un padre sonríe
al ver dormir a su hijo
tan tranquilo e increíblemente dócil.

Caigo en picado en una cama sin fondo.
El precipicio no acaba nunca
y los músicos siguen tocando.
Me dejo la puerta de la nevera abierta,
y la del congelador con mis sentimientos dentro también.
Qué despistada,
algún día perderé la sonrisa y no sabré dónde.

Tengo el pelo mojado y no huele a océano.
Tienen el olor de las duchas
a contrarreloj,
del jabón en los ojos,
de la esponja en la repisa de azulejos
esperando espaldas que carguen con algo que no sea miedo.

10 sept. 2013

Hueles a vino y a estrofa

Pasan los aviones.
Nos ven desnudos tomando el sol
en lo más alto del edificio.

Sedientos de agua y rima.

Buscando el sol
y la quemadura de unos labios
en los hombros.
Entre lunar y lunar.

Sonido de llaves.

El amor ya no llama al timbre.
Ya no se deja los nudillos
en mi puerta de madera.
Ha puesto su propia cerradura;
a saber qué ha hecho con la segunda copia de las llaves.

Pero te escucho.
Te escucho y me da igual lo que el amor
haga conmigo y con mi felpudo.

Te voy a besar y vamos a estallar.
Vamos a volar por los aires.
Nos convertiremos en millones de diminutos trozos
de cuerpo y alma,
de rima y acordes,
que caerán sobre las atracciones de feria
donde otros también besan y revientan.

Reventar de amor,
qué ridículamente romántico.

La tarde es eterna.
Hueles a vino y a estrofa,
que es como huelen los poetas.
Sabes a todo eso
y a libro viejo.

¿Adónde irán las nubes?
Te las estás llevando, ¿verdad?
A todas ellas,
con todas sus formas y todo su blanco algodón.

Me he curado siempre las heridas
con nubes empapadas de alcohol.
Alguna vez escocía
y tú soplabas.

Después escribías.
Y cantabas.

7 sept. 2013

Todos somos volcanes hasta que se demuestre lo contrario

Todos somos volcanes
hasta que se demuestre lo contrario.

Hasta que llegue un músico
a amansarnos con sus notas
de universitario
aplicado
y bebedor.

Entonces seremos fieras
inofensivas
viviendo de guitarras y besos rojos.
Y no habrá erupciones catastróficas,
sino sanadoramente bonitas
sobre ombligos y gargantas.

Y sólo sacaremos las garras
cuando haya que amar
en camas o callejones con salida.
O apoyados en coches.
O en las azoteas de los edificios
donde nunca viviremos
ni juntos
ni revueltos.

Se nos verán los colmillos
cuando leamos las letras
de canciones que se escribieron
en un verano de abstinencia sexual.
Se nos verán los colmillos
y los relameremos.
Los pondremos con cuidado
sobre piernas descansadas,
y ese será el mayor riesgo dulce
que correremos.

Arrancaremos a bocados
el aburrimiento de los domingos,
y de las noches sin películas buenas en la televisión.
Qué garras más bonitas
para quitar el polvo de las camas
y los sillones donde dejamos la ropa.

Seremos truenos.
De los buenos.
De esos que hacen vibrar los cristales
y traen relámpagos que bien podrían ser
flash de cámaras Polaroid.

Traeremos terremotos
en los bolsillos de las chaquetas.
Pero no se caerán los edificios,
ni los tejados de los polideportivos.
Sólo moveremos la lámpara de la mesita de noche
y el cuadro de la entrada
firmado por un viejo amigo pintor
que ahora vive en Nueva Orleans.

Estallaremos, sí;
pero no habrá lava,
sino semen.
Y la saliva será tan rock and roll
que nos drogaremos con ella.

5 sept. 2013

Los mejores gatos

Aullidos, hoy no llueve.
Nadie duerme: las parejas hacen el amor
y los poetas se masturban;
otros sólo buscan cigarrillos.

Los mejores gatos
vuelven a estas horas
a una cama que no es la suya.

Hay bocas de metro
que besan con lengua,
pasos de cebra sin leones al acecho,
poetas sonriendo en los cafés del centro.

La vida es un arte;
y los que besan, mis artistas favoritos.

Hay café descafeinado
para los revolucionados innatos.
Música de acordeón en el andén del tranvía.
Chicle en el tacón.
Ascensor roto.
Medias rotas.
Corazón... Corazón intacto. Eso es nuevo.

Desayunamos con los
ojos llorosos de sueño.
Comer con las manos,
amar con las manos,
mirar con las manos.
Las manos son mi lugar favorito.

Y que cualquier hombre
me pise los pies bailando.
Con ganas.
Que las orquestas no terminan
hasta que se nos rompen
los pantalones
por el bolsillo de atrás.

La vida da muchas vueltas.
A veces de campana.
A veces en la cama.
En alguna de esas vueltas
el mareo es memorable.

De madrugada
las vueltas
son el cambio de 20
al pagar el último cubata.

Ayer por la noche perdí el autobús
en una timba de póker.
Hoy vuelvo volando,
pero sin avión
ni SuperMan.

4 sept. 2013

Me cuento las pecas y los pecados

Me quito las zapatillas
con los cordones y las suelas desgastadas
de pisar tantos charcos
y de saltar todos los muros
de tu corazón vallado.

Cualquiera le echa un pulso
al verano.
Nos desnudamos y empatamos.
Nos besamos y ganamos.

A veces,
en sueños,
canto muda y beso con lengua extranjera.
Beso con acento italiano.
Beso al conductor de un Cadillac
en alguna carretera americana.

Camino hacia el monte
y cuelgo cantos de pájaros
en las flores de los balcones de las casas blancas.
Y me cuento las pecas
y los pecados. Pierden mis lunares.
Me confieso,
me absuelvo,
pero siempre regresa la noche.

Se van las nubes,
vuelve a llover,
hace calor y 4 tardes que no llamas.

El bastón se dobla;
me apoyo en las canciones,
en los discos de vinilo que
alguien me regaló cuando
el amor le dejó sordo.
En el tapizado de una silla de 1972,
en la televisión apagada de una cena en familia,
en las noches de luna llena a orillas de cualquier río
con luces artificiales innecesarias.

Lametones fuera de cobertura,
no hay señal,
interferencias en la saliva
que esculpe dulzura en los cuellos.
Marcas de dientes en los hombros,
barbilla irritada,
rodillas raspadas.
Última conexión de cama.
Llamadas perdidas en la almohada.

Se pone el sol
cuando la luna se quita el corpiño.
Me pongo yo
cuando
llega el estribillo de tu vieja canción.