Vuelvo a casa caminando de puntillas, no vaya a ser que se despierten los poetas.

30 jun. 2013

Luna, este poeta es mío

Un día te escribí
que dejaras de mirarte en los espejos,
que el mejor reflejo está
en la mirada de los demás mortales.

No me hiciste caso
y ahora no puedes dormir.
Los fantasmas se cuelan en tu habitación.
Ya ni taparte hasta arriba con la sábana te salva.

Estar en la cresta de la ola
no sirve de nada
si sigues abriendo la boca.
Vas a tragar demasiada agua.

Vivir es correr riesgos
y no perder las viejas costumbres temerarias:
cruzar en rojo,
lavar la ropa blanca con la de color,
abrir la puerta sin asomarse antes por la mirilla o sin pedir que te enseñen
la patita por debajo.

Todas las madrugadas te saben igual.
Normal, hace mucho tiempo que no besas.
Cada lengua es un bar.
Algún día encontrarás una boca
que será el mejor garito de la ciudad;
te gustará su música,
las copas frías,
el color de las paredes...
Y su barra pegajosa llena de marcas de vasos
será un paraíso perfecto para quedarse a vivir.
Y, por supuesto, tendrá el mejor camarero.

Brindemos con oxígeno,
que es gratis y nos coloca de realidad y vida.

Saltar en la cama.
Poner tu disco favorito.
Caminar por la orilla del mar.
Besar en los parques.
Gel de ducha en formato ahorro.

¿Ves lo bonita que es la vida?

Vamos a portarnos mal,
que no quiero que nos castiguen sin recreo.
Si fuéramos niños, a él
-el chico más bonito que me
ha enrojecido el cuello-
le regalaría todos mis cromos.
Eso es amor.

Lo mejor de la noche
es irse a dormir con lo puesto.
Y a mí siempre me pilla el sueño
con una boca en la clavícula.
Su boca en mi clavícula.
Sólo la suya.
Su boca, la de los bonitos acordes.
Su lengua es mi bar favorito.
Menudo pijama.
Así da gusto pasar la noche en vela.

Luna, este poeta es mío.

29 jun. 2013

Tengo las piernas llenas de noches de verano

El acelerador está en las caderas;
el freno no existe.

Tiramos el despertador por la ventana.
La casa entera,
menos los sujetadores y los calzoncillos.

Tan desnudos.
Tan sin ropa.
Tan a punto de arreglarnos el uno al otro la piel.

Corre, que no llegamos a la fiesta
que el verano da en todas las azoteas.
Iluminaremos con mecheros -cuidado con arder antes de tiempo-.
Yo llevo las cervezas y los besos.
Tú pon la guitarra y busca trozos de primavera
para llenarme los bolsillos.

Los trenes que más me gusta perder
son los de la estación de otoño: van siempre mojados,
y para gotear ya estoy yo.
Y para secarme ya están tus copas de más.

Salto mortal en tu entrepierna.
Dulce agonía.
Séptimo cielo; octava maravilla.

Camino por la calle buscando una fachada blanca
donde fijar la mirada y carteles que digan
que el amor se me ha comido el corazón
y me ha mordido la lengua.
Buscando balcones llenos de flores donde los poemas se escriben solos.
Piso las rayas blancas de los pasos de cebra,
para negras ya tengo las medias. Y la tinta.

Nosotros cerramos los bares.
Por dentro.
La fiesta dura lo que dura el alcohol y las gargantas.
Y sigue con voces rotas: las mejores para dar las buenas noches.

Y mejores tardes.
No tardes, se calientan las cervezas.
O bébeme a mí.

Hay gente subiéndose en ascensores
sin la intención de meter mano.
Así nos va.
Se miran a los ojos a través del espejo; no hay alma que se desnude así.

Tengo las piernas llenas de noches de verano.
Busca.
Y de lunas.
Ojalá reventar la luna para ver de qué coño está llena.

27 jun. 2013

No te pierdas; pero sé mi perdición.

La noche se llena de piedras.
Piedras sobre todos mis tejados de papel.
Hacen agujeros por los que se cuela el verano,
las noches caminando hacia el puerto
buscando mar y versos que llevarnos a la boca.

Volverá diciembre;
ojalá siga habiendo mantas, y cuerpos que tapar.
Ojalá chimeneas encendidas y pieles erizadas
para calmar a besos.

Que si me vienes empapado a tocar el timbre de madrugada
yo no te preparo una taza de chocolate caliente.
Yo te preparo orgasmos; si quieres te los tomas,
y si no, ya me los tomaré yo sola en la bañera
cuando te vayas y me queden tus canciones.

Habrá folios en blanco y libros de poesía
a los que se les habrán caído los acentos,
las comas, y todos nuestros puntos finales
que resultaron ser suspensivos.

Todas las avenidas de mi cuerpo están libres de tráfico
y llevan tu nombre;
letreros decorados con luces de neón.
No te pierdas.
Pero sé mi perdición.

Besamos a la luz de la luna;
saca las garras, se pone celosa,
somos más bonitos que ella.
Sobretodo desnudos.
Hoy los piropos son para nosotros.

Me gustas más que la luna
porque a ti puedo hacerte el amor.
Que no me escuche ella, que saldrá llorando a contárselo
al sol.
Y yo la poesía la quiero morena.

Nos salen flores de las clavículas.
Somos primavera.
Y esos no mueren nunca.
Y, joder, qué bonito es el romanticismo cuando abrazamos con las piernas.
Y qué bien sabe sentarse en el suelo para verte fumar
mientras me cuentas tus planes de sexo, alcohol y rock and roll.

Me gusta salir por la puerta grande
-que es la de atrás, la de la cocina, la que da al jardín-
y saltar la valla en sujetador, con la camiseta en la mano
antes de que se haga de día
y ya no nos queden miedos.

25 jun. 2013

Ven a naufragarme

Las olas me rozan los pies,
me sacuden la arena bajo la que entierro
las cartas que nunca quise escribirte.
Porque no te merecías que alguien
deshiciera un boli por ti.

Me costó;
yo soy de las que suda tinta hasta cuando duerme.
De las que bebe un mar de versos
por cada trago de zumo de naranja.

Aquí el desamor sabe a salado.
Y nunca duele porque el agua del océano
lo cura todo.
Cura hasta la poesía más afilada;
esa con la que nos cortamos el alma,
las intenciones y por la que perdemos el control
de absolutamente todo. También de la respiración, por supuesto.

Debajo del bañador llevamos la piel
rasgada, a tiras, sangrando
por culpa de los cristales de espejos donde
siempre
nos miramos con los ojos cerrados
por miedo de ver fantasmas.
Pero tampoco pasa nada,
hay niñas construyendo castillos de arena en la orilla: estamos a salvo.

Todo el azul y el blanco de ésta costa
se me está colando en el corazón;
me da igual que me cambie de color
mientras pueda seguir besando con los labios rojos.
Hasta una gaviota me anida dentro
y me está dejando sin poesía.

Que se la lleve toda.
Que la deje sobre cualquier banco del paseo marítimo
donde un hombre se sentará a decirle a la mujer de la que está enamorado
que tiene los ojos más vivos del mundo, donde sí que es buena idea
morir reflejado.

No vamos a lanzar botellas al mar,
nos bebemos todos los mensajes.
Hasta la última gota.
Hasta la última rima.

Las algas no me van a poder atar los pies.
Nado sobre las cubiertas de barcos llenos de brea,
llenándome de mar el pelo,
lamiendo pieles saladas,
espaldas mediterráneas,
con las ropas y las pulseras mojadas.

Ven a naufragarme, marinero.

19 jun. 2013

Me muevo mejor con las camisetas rotas

Me subo al primer coche
que me prometa rock and roll
y bailes de primavera sin flores en las muñecas.

No necesitamos vestidos
para bailar de madrugada.
Ni tampoco drogas duras para colocarnos
la ropa interior en su sitio.

El sitio de la ropa interior
no está debajo del ombligo.
Ni arriba.
Está en cualquier parte de la habitación,
en cualquier rincón donde aterrice
después de que se nos caiga
en mitad del estribillo.

Tú siempre has sido más
de estar con la cerveza al cuello;
el agua acariciando la barbilla es para perdedores.

Siempre has destrozado gargantas y espaldas
a partes iguales.
Siempre has puesto las manos en las paredes
antes de que se seque la pintura;
y eso está bien, porque dejas tus huellas
en mis muslos
del color verde que me gusta.

Los tacones para quien los quiera.
Los pies descalzos y arañados
son lo más bonito para salir corriendo y correrse.

Perder tus guerras es ganarlo todo.

Me dejo ganar.
Me dejo.
Me dejo la poesía en tu barba,
las uñas en tu piel,
los discos en tu salón,
el hambre en tu cuello
y el futuro en ninguna parte.

En tu nombre cabe un solo de guitarra,
una noche en un garito oscuro,
20 camas deshechas,
una ciudad eterna,
un baño en el mar para ahogarme en la sal de tu esqueleto,
una habitación cutre de hotel, que son las mejores
y de las que más borracho y poeta se sale.

Te mereces que alguien te diga
que hasta con los ojos cerrados te ve.

Contigo cada baile es de primavera,
y que se jodan los vestidos, que yo me muevo mejor
con camisetas rotas.

17 jun. 2013

Perder trenes es ganar besos en los andenes

Gritarnos en una pensión de buena muerte,
porque contigo es atractivo
cualquier suicidio
de besos, alcohol y cama.

Salvarnos la vida
en el último gemido,
mirar por la ventana y que la ciudad nos odie
cada vez que nos metamos mano.

Cada edificio desearía derrumbarse
para caminar de tu mano.

Qué suerte tiene la primavera
de tenerte tocando la guitarra
y bebiendo cerveza y cintura
en las mesas de los bares.

Qué suerte tengo yo de
tenerte tocándome los muslos
y la parte más roja del corazón.

Se habla muy poco
de la literatura de arañazos en espaldas,
de los desnudos que suenan a jazz,
del poema de miradas perdidas
que mueren en las líneas de los cuellos de quienes pasean por la calle.

Los periódicos se muerden las páginas
deseando hablar de nosotros,
corren su tinta y se mueren
por sacarnos en portada
con un titular parecido a "dejad de buscar amor,
lo tienen todo ellos".
O "la poesía hace tiempo que los eligió
para vivir en sus noches y en sus tardes de lunes".

¿Qué pasa si quiero perder
todos los trenes?
Perder trenes es ganar besos en los andenes.

A la vida le hace falta gente
tirando con rabia botellas al suelo para abrazar mejor.
A mi vida le hace falta tu madrugada,
tus 5:00am,
tus zapatillas sobre mi colchón al volver a casa
después de haberle hecho el amor
a todo el rock and roll de la noche madrileña.

15 jun. 2013

Con éste sol, hasta la rima se me broncea

Los sábados íbamos a la playa por la noche
a beber y a meternos mano.
Teníamos 7 sábados en cada semana,
y un Mediterráneo tentador.
Nunca sonaban las mismas canciones,
nunca nos rompíamos el corazón por el mismo sitio.

Lo mejor de llevar el corazón roto
en trozos afilados
es que ya tengo con qué cortar la pizza.
Y si vienen a atracarme,
no podrán robarme ni un gramo de poesía.
Que se jodan.

A día de hoy sigo poniendo los pies en la mesa
cada vez que me siento en el sofá
para burlarme del amor
escribiéndole al sexo.

El sexo es parecido a hacer el amor,
pero casi nunca se pierde.

El viento me aparta el flequillo de la cara,
cierro los ojos,
no quiero que la primavera me vea sonreír
y se muera de celos.

Morirse de celos es más feo,
incluso,
que morirse de amor.

Ha muerto de amor,
el cadáver está irreconocible.
Normal.

Cuidado con lo que escribes, puede hacerse realidad.

Y mientras todos mis discos
se llenan de polvo en el suelo de mi habitación
cuento los días, las canciones y los poemas
que quedan antes de que me mude al tercer traste de tu guitarra.
Las musas me cuentan que ahí se vive bien,
no falta cerveza y las vistas a tu garganta son increíbles.

Con éste sol, hasta la rima se me broncea.
Con tu mirada no hay corazón que se rompa.

Si vas a poner la mano en el fuego,
no te olvides de invitar antes a todos tus demonios
a un cubata.

10 jun. 2013

Me juego el sonido de las caracolas

Perdidos y deliciosamente borrachos
en un pueblecito mediterráneo,
donde el mar nos saca a bailar sin ropa
cada noche que nos cuesta dormir.

Entre trago y beso te digo
que cuentes conmigo.

Sabemos salado.
Las pinceladas de las olas
en tu espalda son un poema que hay que lamer
para apreciar la rima.

Mientras dejamos las huellas
de carcajadas y botellas vacías
sobre una isla de pisadas en zig zag
pienso que no hay nada más bonito
que compartir océano e inmensidad en una noche de verano.
Y desnudez.

Apostamos todo porque no tenemos nada que perder.
Nos jugamos las miradas;
las pieles muertas que reanimamos bajo lunas tan vacías
como nuestras botellas;
los brazos rodeando el cuello en el primer beso;
la primera canción que nos puso el grito en la madrugada;
las camas que nos pedirán 5 acordes más,
5 tragos,
5 orgasmos,
5 no-te-vayas-he-hecho-café.
Nos jugamos los papeles escritos colgados en ventanas abiertas
en días de vendaval.
Me juego el sonido de las caracolas que al oído
me tocan un blues a veces,
y otras me dicen "te lo dije".
Te dije que no te rendirías
y gastarías, a diario,
tantos besos como bolígrafos.
Te dije que valdría la pena
hacer fotos en blanco y negro
para darles color desde la cubierta de algún barco
al mismo tiempo que la piel se pone morena.
Y apetecible.

Cuando no puedo dormir,
me paso casi toda la noche
tumbada en la cama
con el brazo caído sobre el suelo
dibujando corazones invisibles
que sangran con tus iniciales dentro.

Le saco el dedo corazón al tiempo,
tacho todos los días del calendario de aquí al siglo que viene.
Ya no me asusta no saber adónde me llevan las vías.

Soy un tren, todos somos un tren,
y si me haces descarrilar con elegancia
me quedo para siempre.

Esta noche hay mar y besos,
y la parte trasera de tu furgoneta me parece un bonito destino.
Algún día escribiré mientras tú conduces.
En un abrir y cerrar de hojas
tendremos poesía y mapas.

8 jun. 2013

Zapatillas rotas y corazón a juego

Tengo sueño porque he estado
toda la noche
intentando escribirte el poema
que consiguiera hacerte perder el corazón
en mis costillas.

Y no lo he conseguido.
Sólo tengo un par de letras
sin sentido
que resbalan del papel
y caen al suelo lleno de miedos.
Habitación llena de miedos.
Yo llena de miedos.

El único final feliz es
el de la vida que precede al principio
de una historia de besos en conciertos y ascensores.

Madrugada de odiar a las musas
y al verano por no llegar ya para sacarnos los colores
con su calor y sus noches de baile y enamorados.

Llevo unas zapatillas rotas
y el corazón a juego.
Llevo un boli sin tinta, papel gastado,
invierno a cuestas,
cervezas vacías que me bebí hace cuatro años.

En cualquier momento sonará el teléfono,
me despertaré de esta siesta
y leeré en las paredes que el pasado no importa,
que el futuro no existe,
que el ahora es el lugar con mejores vistas en el que puedes vivir.

Pero el amor es tan jodido e hijo de puta...

El amor es una pesadilla en la que estás jugando a los dardos
y de repente eres tú la diana y el veneno viene a moderte.
Y no sirve de nada que te intentes pellizcar.

Abrir los ojos es ver que las casas blancas
con puertas y ventanas azules
son más poesía y canción que realidad.
Y eso da miedo.
Pero yo siempre he querido vivir en la poesía.

Qué suerte tienen los bares,
ellos no se enamoran,
sólo sonríen al ver a chicas bonitas y borrachas
gritándole al cantante que toque otra.
Que las toque a ellas.

6 jun. 2013

La primavera ya puede morir tranquila

La noche es lo más bonito
que le puede pasar al día.

Tu cuerpo en horizontal
es lo más bonito que le puede pasar
a la noche.

Y a mí.

Mírame, estoy temblando y la poesía no me salva.
Aquí sólo hay tormenta,
la mejor de las tempestades.
Y ojalá que la calma sean más relámpagos.
Más lluvia.
Sin paraguas.
En tu sofá.

Remueves el café,
y el ruido de la cucharilla
rozando el borde de la taza
me suena a rock and roll.
A voces rotas,
guitarras que llenan madrugadas,
letras improvisadas que se convierten en
himno oficial del orgasmo.

Luces de neón en la entrada del último bar de la calle,
donde a partir de las 2:00 van cada noche a morir los poetas en brazos
de las musas más caras del barrio.

A lo mejor en algún hotel de
esta condenada ciudad
hay alguien pasando una nota con una invitación irrechazable
por debajo de la puerta 328,
la habitación donde una chica con ojeras
fuma en sujetador sentada junto a la ventana.

Las notas por debajo de las puertas
hacen del mundo un lugar más sano
y respirable.

Cántame, que no quiero dormir.
Ábreme las ventanas
y túmbate en mi cama, que la poesía también se besa.
Hazme un otoño con todo este calor.
Imagínanos en la canción perfecta,
viájame sin quitarte el pijama.

Junio te ha visto caminar,
la primavera ya puede morir tranquila.